domingo, 31 de mayo de 2009

Sí, buenas, para lo de la visa...


Hace unos días en la mañana puse a cargar mi teléfono celular. Aquí los teléfonos se descargan muy rápido, pues se usan para escuchar música, navegar en internet, enviar correos, tomar fotos, usar GPS, ahh y claro, llamar. Bueno, en esas estaba, y apenas conectaba el cargador cuando entró una llamada.

Miro el número y dice “Número privado”. Contesto. ¿Yes?.

-Can I speak with Quintero Berrio Luis Eduardo, please?-. Escucho. La voz no tenía un acento muy australiano y era fácil de entender. Tenía la leve ilusión de que fuera de una tienda de artículos electrónicos en la cual había dejado mi hoja de vida No. 146 el día anterior.

Pues no. El señor que me llamaba era de la oficina de inmigración. Resumo la primera parte de la conversación:

¿Luchito?, tonces mijo. ¿Cómo va la vida en Australia? ¿Todo al peluche?. Qué bien. ¿Ya se tomó la foto obligada con el Koala en el zoológico?, o si no, la foto en el Opera House?. ¿Cuándo es que va a comenzar su blog en inglés?. ¿Y las australianas? ¿Lindas, no? Bueno, mucha labia con ellas y buen inglés mijo.

Hasta este momento todo era felicidad en la conversación. Luego me preguntó sobre mi estatus actual y qué planes tenía. Le dije que andaba de vacaciones y esperando para comenzar a estudiar en julio. El hombre me dijo que había un problema (El primero de lo que se me venía encima). Me dijo que los estudiantes no pueden dejar pasar más de dos meses entre curso y curso, y yo tendría cuatro meses libres. –Necesita ponerse a estudiar algo-, me sugirió. Una opción era tomar un curso de inglés de un mes y luego entrar a hacer el Diploma en Multimedia. El hombre me dijo que necesitaba solucionar eso. Que luego me enviaba los demás “requisitos” al correo electrónico. Que le llevara los documentos cuando los tuviera listos y eso era todo. Yo dije – Ahhh no, pero si es breve la vuelta.-

Al instante de colgar revisé mi correo electrónico, y copio a continuación una parte del mismo:

… “In order to make a decision on the application, you must provide the
following documents:

• Evidence that you client have sufficient funds to support yourself
and all family members during your stay in Australia.

Funds must be held in an account for more than 3 months.
Please note that statements or letters need to be dated no more than 4
weeks before you lodged this application.

You are required to show that you have $30,000.00 AUD”…

Upaaaaaaaaaaa ¿pero qué? Who order chicken? Ese correo me dejó frío, cansado, ojeroso y sin ilusiones. Lo curioso es que NUNCA pensé que me fueran a pedir tanto. Como diría una de mis amigas asiáticas: La cosa estaba peluda.

Lo que resume el correo es que para que inmigración me dé una visa por dos años debo tener disponibles 30.000 dólares australianos en una cuenta. Y deben haber estado ahí por lo menos por tres meses. El único que conozco o que conocía que tenía dinero guardado y no a tres sino a seis meses era David Murcia Guzmán, pero al hombre lo pelaron. Entonces, ¿de dónde iba a sacar esos fondos?.

Siendo honesto, me vi en Bogotá. Pero no; decidí pensar a ver cómo lograba reunir el dinero. Conté mis monedas que tengo en un tarrito de galletas de Juan Váldez: 154.45 dólares. Sumado a mi trabajo de repartidor de periódicos, más otros ingresos; más lo que hay en el colchón; y otros billetes que encontré en un pantalón y en una chaqueta. Pues sumado todo no llegaba ni a 3.000 dólares. Pucha!!! Nuevamente me vi en Bogotá.

Intenté otra cosa. Llamé a una amiga quien me asesoró con inmigración. Le conté el caso y me dice – cosa que no me había dicho antes – Ayy Luchito es que tú quedaste en nivel tres. ¿¿??. Es decir???? Bueno, voy entendiendo que hay diferentes niveles, y según éstos, a uno le piden más o menos plata y documentos. Hago una analogía: Para el nivel uno piden tres tapas contramarcadas de Coca Cola con el sello “Visa a Australia”; y para nivel seis, que creo es el último, usted debe tener avión privado para llegar a Sydney.

Mi amiga de la agencia me decía que era imposible cambiar los requisitos exigidos. Que la única opción es retirar la aplicación y hacer otra para quedar en nivel dos, donde piden menos cosas. Pues hacer eso me cuesta otros 500 AUD de una nueva solicitud. ¿Qué más has pensado?, me preguntaba. Le dije, bueno ir y negociar. Aquí esa opción existe; es decir, por lo menos aquí en inmigración lo escuchan, y le dan el chance de 28 días para reunir los documentos y los fondos que piden. Entonces gasté las siguientes tres horas y cuarenta y dos minutos en buscar opciones. Llamé a Bogotá a los socios, hablé con mi jefe – sí, el de los periódicos- y con un par de amigos aquí.

Luego de meditar el asunto conmigo mismo, con la almohada, el pato de peluche y un vaso de Cola, me dije: Voy a hacer hasta donde esté a mi alcance. Iré a decirle al agente de inmigración lo siguiente:

Estimado señor, En realidad quiero quedarme. Aunque ya me defiendo mejor con inglés, necesito profundizarlo mejor y, además, el curso que haré tiene mucho que ver con mi área profesional. Si usted me pide 30.000 AUD para eso, pues debo decirle que no los tengo. Tengo en una cuenta ahorrados 10.000 AUD, más un amigo que es mi soporte en Colombia con un par de tarjetas de crédito y, además, tengo un trabajo aquí en Sydney, el cual es fijo, y me permite reunir 1200 dólares al mes. Quiero y deseo quedarme legalmente, trabajar y pagar los impuestos necesarios y en un futuro aportar mi conocimiento para que este país crezca. Luego me retiro en silencio. Así, cual película de drama cuando hay un silencio eterno. ¿Muy arriesgado?

En realidad no tengo más opciones, y creo que el agente debe de otorgarme la visa, pues todo lo que le diré estará soportado en documentos y constancias. Y si ser sincero me costará que me sea negada la visa, pues me iré. No sin antes agradecer a este país todo lo que me enseñó, que en tan poco tiempo, fue bastante – Espero que esto último no pase –


Me dieron 28 días para reunir todo; han pasado tres…

Y usted ¿qué haría?


A la conquista!!!

lunes, 27 de abril de 2009

La vida en Australia - ¿Quedarme o regresar? Lo bueno, lo malo y lo feo de Australia


Bueno, aquí seguimos.

Antes que nada debo agradecer a las personas que me escriben y me dan buenos y malos consejos. En realidad no recibía tanto apoyo en la última crónica desde aquel funesto día en el que nuestro glorioso equipo de futbol 11 de La Sabana cayó aplastado por una severa goleada. Debo anotar que fui el único de ese equipo de gatos que hizo gol, aunque en nuestra propia portería, pero gol es gol.

Por otra parte, bastantes personas me preguntan cosas específicas a las que muchas veces no tengo la respuesta exacta. ¿Qué si es bueno el país? , ¿Qué si hay trabajo? ¿Qué si toca de cleaner toda la vida? ¿Qué si las mujeres son locas? ¿Qué cuándo caerá Chávez? ¿Qué cuándo pasará la crisis? ¿Qué si puedo llevar a mi perrito desde Colombia?

Yo lo que simplemente me apostaría a decir que hay que venir para vivir por experiencia propia cómo es es la vida en Australia. Pongo un ejemplo con la comida. Sé de personas que les da súper duro aquí, y que todo les cae mal. En mi caso la comida me ha parecido buena, se consigue comida de cualquier parte del mundo – incluso Pony Malta con Pan de Bono ve!!- pero entiendo que hay algunos comensales de bastante exigencia y por esa razón no podría afirmar que la comida es buena para todas las bocas, estómagos y estratos.

Luego de estas aclaraciones, entremos en materia.

Lo bueno, lo malo y lo feo de Australia.
Han pasado siete meses desde que me dieron la bienvenida en el aeropuerto internacional de este país. Recuerdo con nostalgia cuando me preguntaron ¿Trae drogas? Y yo les dije, sí. ¿Medicina? – Por dentro pensaba: No, una maracachafa para el cambio de horario jaja- Sí, una droga recetada y traigo la fórmula. – Welcome to Australia-

Durante estos 210 días y algunas horas he vivido unas situaciones muy buenas, otras no tanto, y unas pocas como para mandar al túnel del olvido. Aquí las resumiré aclarando – obviamente y que POR FAVOR QUEDE CLARO- es mi punto de vista. No es la verdad absoluta, pues como yo hay miles de inmigrantes, yo soy uno más, con algunas habilidades para escribir. Las personas pueden leer esto y tomar nota o bien puede dar clic en la crucecita roja que tienen arriba en la esquina derecha de la pantalla del computador.

Lo bueno de Australia.
Uffff, son innumerables las cosas que hacen de este un gran y maravilloso país. Aunque es poco lo que conozco, lo que me han contado y lo que he leído, he extraído algunas cosas por las que definitivamente vale la pena venir, conocer, vivir y estar un buen tiempo en Australia.

Australia lo recibe con las puertas abiertas. Este país le da la bienvenida a todo el que quiera venir y hacer las cosas bien. Obviamente, como todo país, Australia pone ciertas restricciones y Colombia, desafortunadamente por los problemas que aún nos aquejan interiormente, no es la excepción. Para llegar aquí desde Colombia, la embajada Australiana en Santiago de Chile pide demasiadas cosas para mi gusto, pero no son complicadas de conseguir. Ellos quieren que uno tenga lo justo para poder vivir aquí, y se puede hacer.

El transporte público es algo asombroso. Aquí hay trenes, buses y ferris. Pero lo descrestante es que todos tienen un horario fijo. Es decir, uno sabe a qué hora pasa el bus, tren o ferry. Y siempre hay transporte disponible. Aquí puedo ir a la estación de Town Hall en la “city” y saber que a las 10:25 a.m. pasa el tren que me sirve. Y si se me pasa, a las 10:38 viene el siguiente. Así es con los buses, al frente de mi casa queda un paradero y cada ruta tiene sus propios buses con horas exactas. Todos los buses son prepago – no me refiero a lo que está pensando – sino a que se pueden comprar los tiquetes antes de subir al bus con el objetivo de agilizar el viaje. Aunque no falta quienes aún pagan el bus dentro del mismo vehículo y retrasa el tiempo de viaje. De hecho yo aún a veces pago con monedas, qué pena!.

Los conductores de los buses son personas muy respetuosas, amables y cumplen el 99.43% de las reglas. Es decir, paran sólo en los paraderos asignados, nunca llevan sobre cupo. Cuando el cupo de pasajeros de pie se completa, él amablemente les pide a los demás pasajeros que por favor esperen el siguiente bus. Aquí no se oye “Córranse patrasito que atrás hay campo, colabórenme”. Hace algunos días un conductor de estos se pasó una luz en rojo y atropelló a una persona. Estas cosas también pasan pero es una en un millón; de hecho este señor quería morirse por lo que pasó, aunque no fue nada grave.

Otra situación que me asombra es la cultura de la gran mayoría de personas que viven aquí. Por ejemplo, parece que los automóviles no tuvieran pito. Rara vez se escucha que alguien pite. Los carros siempre ceden la vía al peatón, NUNCA se pasan un semáforo en rojo, incluso en las madrugadas cuando las calles están casi vacías; Si la luz está roja, esperan a que cambie. Sí un auto va a girar a la izquierda en un semáforo, quienes vienen atrás esperan pacientemente a que lo haga. También hay bastante respeto hacia los ciclistas y las motos. Entiendo que donde golpeen uno, la demanda es grandecita.

Vivir en Australia implica estar inmerso en una gran cantidad de culturas. Alguien mencionaba lo extraordinario que era subir al tren y escuchar cinco o seis idiomas. Otro saludando en chino, cantando en alemán, regañando en japonés, discutiendo en coreano o contando chistes en hindi. Asimismo es la historia que traen cada uno de estos personajes desde sus países. Algunas interesantes, otras asombrosas y otras como para sentarse a llorar. Aquí es donde uno se da cuenta que el planeta es extremadamente inmenso y no alcanzaría toda una vida para conocerlo.

El respeto hacia el inmigrante es muy bueno. Sé que hay algunos casos de racismo, y otras formas de discriminación, pero son mínimos. La consigna de Australia es que si uno viene a hacer lo que se hace en Australia, trabajar o a estudiar, cumplir las leyes, respetar a los demás, y, en especial, hacer crecer este país, usted es bienvenido. Aquí en la sociedad hay bastante respeto hacia ideologías, religiones, tendencias sexuales, razas y demás. Se puede ver a un ateo hablando con un cristiano; a un par de hombres enamorados tomados de la mano caminando por la calle, o mujeres musulmanas cubiertas con sus burkas – incluso en temperaturas sobre 40 grados – y todos conviviendo en una sociedad que tolera y respeta el pensamiento y las creencias de los demás. Debo anotar que a veces cometía el error de pensar que los equivocados eran los que pensaban diferente al mundo occidental.

Un día en bus se subieron dos musulmanas, cubiertas completamente y una de ellas incluso con lentes, que ni siquiera le permitían ver sus ojos. Aquí pensaba, ¿qué se le cruzará a estas mujeres por la mente para hacer eso o es tal el grado de represión oriental que algunas tienen, que siguen con sus vestidos, aferrados a unas creencias que les impusieron desde pequeñas? De hecho, uno aquí comienza a dejar atrás esos prejuicios estúpidos con los que se estigmatizan a las personas de muchos países. Recuerdo que en el vuelo de Nueva Zelanda a Australia venía entre los pasajeros otra mujer musulmana. Ella vestía toda de negro, sólo tenía al descubierto los ojos. Yo pensaba: Será que esta mujer en pleno vuelo le da por inmolarse por sus creencias. Que grite “Ala majala mala jala mala jaja la y BUMMMMM”. Sí, es un error. Eso aquí cambia pues conocemos más a fondo esas culturas. Obviamente cada país tiene sus manzanas podridas, pero son poquitas, bueno eso espero.

Y así con varias situaciones. Pero aquí uno profundiza más en el respeto hacia esas creencias, aunque muchas veces le parezcan extrañas, o, incluso las considere extremistas. Asumo que algunos de ellos pensarán lo mismo de nosotros.

En Australia hay dinero. Para los que nos gusta el billetico en abundancia aquí se puede conseguir. Aunque que en este momento el país está inmerso en una recesión, se reducen los puestos de trabajo y cada vez es más difícil conseguir un empleo. Sé que más de uno me dirá loco pero tiendo a pensar que Australia no es un país costoso en muchos aspectos. Lo que pasa es que muchas personas cometen el error de siempre convertir todos los precios a las monedas de sus países y el totazo es duro; obviamente pagar por un taxi 50.000 pesos colombianos, por una coca cola 7.000 pesos, por un almuerzo 30.000 o por vivir en un cuarto compartido 200.000 pesos por semana es algo que aterra a muchos. Sin embargo cuando uno se engancha legalmente al mercado laboral la situación cambia pues un salario mínimo aquí puede rondar los 15 dólares por hora que trabajando tiempo completo se reúnen unos 2.400 dólares al mes (Aproximadamente 4 millones de pesos).

Cuando uno se adapta a la fuerte economía Australiana el pensamiento de que todo es caro cambia un poco. Y aquí hablo de trabajos varios porque cuando uno trabaja como profesional en su respectiva área la situación mejora bastante, y si de pronto en esas le da por montar empresa y le pega al perrito ¡virgen santísima!

Las oportunidades en Australia son bastantes. Quienes deseen emigrar y hacer una vida aquí lo pueden hacer. Australia necesita mano de obra calificada en muchas áreas pues es un país muy extenso y su población no es proporcional a su territorio por lo que otorgan visas de trabajo, permiso de residencia a profesionales y otro tipo de inmigrantes de todas partes del mundo. De lo que he sabido aquí tienen abiertas las puertas ingenieros, médicos, odontólogos, chefs, plomeros, electricistas, peluqueros, panaderos, entre otros. Sé que hay una lista oficial, pero estos son los que recuerdo. Obviamente no es decir me fui para Australia y ya fui feliz, no.
Ya hablaré más adelante de eso.

Australia es un país muy seguro. Aquí la tranquilidad del ambiente en que uno vive es notoria. Obviamente hay casos leves de inseguridad, pero hablaré es de lo bueno. Por ejemplo, los conjuntos residenciales no tienen celadores; salir en la madrugada a tomar un taxi es confiable, no existen los paseos millonarios y las autoridades locales siempre están atentas a prestar seguridad a todos nosotros, seamos o no residentes o ciudadanos.

Recuerdo que cuando uno llega al principio es muy prevenido pues obviamente de donde vengo que no podía descuidar uno ni la sombra pues se la podían robar. En mis primeros días temía dejar el portátil en el cuarto, o en la maleta en la biblioteca o retirar plata en el cajero en la madrugada, pero poco a poco la percepción va cambiando y uno se vuelve más tranquilo, claro, todo esto sin llegar a la frescura. En general uno se siente en un ambiente seguro.

Lo malo de Australia.
En este punto me referiré a cosas que me han sucedido y que considero que no son buenas en este país. Por 4.456 vez aclaro que es mi opinión y no es la verdad absoluta.

Australia queda muyyyyyyyyyyyyy lejos. Si uno viene desde la tierrita (Colombia) gasta aproximadamente 25 horas metido en aviones; aquí hablo cuando un viaja por Suramérica. Y no hay vuelos directos. Pilas que si le ofrecen en una agencia el vuelo Bogotá-Sydney directo por Aeropatito, lo están tumbando. Hay que tomar dos o tres aviones para aterrizar en Sydney.

Integrarse al sistema australiano toma su tiempo y es necesario hacerse un lavado mental para que ocurra. Pongo por ejemplo el caso de la conducción. Aquí es al revés, el conductor va a la derecha. De hecho en estos días estuve conduciendo y siempre me confundo al principio, pues los cambios se hacen con la mano izquierda, las direccionales con la derecha y cuando voy conduciendo el carro tiende a irse hacia el lado izquierdo. Es cuestión de práctica.

El caso es que el lavado cerebral y la fortaleza mental que uno necesita deben ser fuertes. Aquí cuando los demonios internos atacan y la soledad golpea, se pueden tener momentos duros. Los primeros días, meses, incluso años son difíciles. Dominar el idioma, entender el sistema y mezclarse en esta infinidad de culturas es difícil. Pero si quiere quedarse, hay que hacerlo, perseverar, seguir, caer, levantarse y continuar.

El acceso a la educación para los extranjeros es difícil y no hay muchas opciones de ayudas. Muchos de nosotros soñamos con hacer estudios superiores aquí, pero las instituciones no dan muchas opciones a los extranjeros. Los costos son más altos que para ciudadanos y residentes, y en casi todos los casos hay que pagar uno sobre otro. Cero créditos. Lo paradójico es que el Gobierno ayuda mucho para que sus nacionales estudien, les dan muchas opciones, algunas de ellas casi regaladas, pero muchos de ellos no aprovechan. Y uno que si quiere estudiar, pailas, que lo muerda el marrano.

La mafia latina y asiática del trabajo.
Lamentablemente muchos de los latinos que tienen empresas de trabajos varios en los cuales uno comienza cuando llega explotan a los estudiantes. Sí, duele decirlo. Pero nosotros mismos nos encargamos de explotarnos. Considero que si uno llega a una economía fuerte debe hacer y pagar los salarios que aquí se pagan para que la economía se mantenga. Cómo es posible que estos capos paguen menos del salario mínimo a los estudiantes. Y no estoy armando la pelotera pero es algo que está pasando. Hace poco vi la nota en un periódico local.
http://www.smh.com.au/national/overseas-students-abused-by-bosses-landlords-union-20090421-ae1l.html

Resulta que aquí el salario mínimo ronda casi los quince dólares y estos explotadores se excusan en que la crisis y no sé qué más cuentos para pagar por debajo de ese valor. Eso es explotación señores!!!!! .

Incluso sé de casos en que ellos obtienen comisiones de más del 100%. Por ejemplo, consiguen trabajos donde un australiano les paga un promedio de 30 ó 40 dólares la hora, y ellos subcontratan a un latino y le pagan a 12 ó 13. Terrible. Se están trayendo las mañas de nuestros países. Para esto haré una crónica completa más adelante, pues estoy averiguando otras cosas y quiero tener más detalles. Pero triste lo que pasa con “nuestra gente”.

Hay a veces algunos brotes de inseguridad, racismo y peleas entre pandillas. Dicen que hay sitios a los que ni la policía va.

Lo feo de Australia.
En este punto me refiero a cosas que uno ve por estas tierras y dice “lástima que en este país tan bonito ocurra esto”, pero como en todo paraíso siempre hay culebras rondando. A muchos australianos y otros extranjeros les gusta la beber hasta embrutecer; y esto es un problema que se les sale de las manos a veces a las autoridades. Los que beben no se controlan, y hablo tanto de mujeres como de hombres, y claro con tragos encima muchos se creen superman e invencibles.

Las peleas están a la orden del día, los accidentes de tránsito, escándalos y obviamente, muchos muertos por estas causas. En el caso de algunas niñas es terrible ver el estado en que quedan luego de se emborrachan. Las ve uno en ocasiones tiradas en el piso, inconscientes, algunas drogadas, etc. El Gobierno hace esfuerzos por controlar esto, los cuales incluyen campañas de televisión, estrategias de comunicación, entre otras, pero falta mucho. En realidad es un problema grave.

Sé que también a muchos les gusta jugar, pero de esto sí no tengo muchos datos, entonces no sé cómo sea el asunto en el fondo. Pero el juego es cosa sería también aquí.

Cuando uno camina en las madrugadas ve gente durmiendo en las calles, indigentes etc. Entiendo que son personas que lamentablemente se dejaron llevar por un vicio como las drogas, o algo parecido, pues este país ofrece muchas oportunidades para salir adelante, y ellos cayeron en desgracia. Triste eso.

Como conclusión de esta crónica, Australia tiene muchas más cosas buenas que malas. Y eso que aún voy apenas para siete meses y es mucho lo que me falta por conocer.
Sin embargo, luego de meditar bien el asunto, evaluar pros y contras, analizando fortalezas y debilidades luego de sietes meses por aquí, pues he decidido que lo mejor es que me voy…





Me voy… pero sentando, porque me quedo otro tiempito más…

lunes, 9 de marzo de 2009

Tocó romper el marranito y contar las monedas


Saludos a todos. Llevaba un buen tiempo sin escribir, y aunque en este momento una leve sonrisa invade mi rostro, he de contar que he pasado momentos oscuros durante estos días.

Hace algunos días tuve momentos de crisis en varios factores, emocionales, económicos, de estudio, con amigos, en fin. Todo esto sumado le hace llegar a uno la famosa malparidez cósmica con tintes de agonía interplanetaria cíclica. Esto se resume en que algunos días me levanto con ganas de mandar todo al carajo, correr mi vuelo y retornar a mi país. Punto. Aquí no fue.

Mi compañero de aventuras australianas, Juanito, no resistió la crisis, pues sus deudas cada día se incrementaban y esto influía en su estado de ánimo; sumando el hecho de querer estar al lado de su hija. Con todos estos inconvenientes decidió regresar y bueno, aquí me he quedado buscando una luz o un pequeño indicio de que el camino indicado es por aquí.

Hay muchas clases de inmigrantes deambulando por el mundo en busca de mejores cosas en sus vidas; los motivos para emigrar sobran y las ganas abundan, pero estando aquí la situación es diferente. Aquí debo resaltar las clases de inmigrantes que existen, debido a que no es lo mismo un estudiante recién salido del colegio que viene a hacer un intercambio, a conocer el mundo, a probar a qué sabe esto y a desinhibirse un poco – pues aquí ellos lo hacen bastante -; a la historia de un inmigrante que deja todo en su país, incluso lazos fuertes de familia, por buscar un futuro mejor, y aquí llega y trabaja en lo que salga para mantenerse, luego poco a poco lo logra y en un par de años puede estabilizarse y mandar por los suyos, si no muere en el intento.

De hecho, hace poco una amiga me recomendó para un trabajo algo lejos de la “city”; creo que era limpiando buses o algo por el estilo. Al hablar con la persona encargada, le pregunté por qué dejaba el trabajo, y me respondió que se regresaba con su esposa, luego de seis meses intentando estabilizarse por aquí y la situación estaba bastante complicada.

Obviamente el factor económico juega un papel muy importante en esta esquina del mundo y aunque Australia queda bien lejitos, los coletazos de la crisis mundial se acentuaron también. En las noticias se dice que el Gobierno hace inminentes esfuerzos para superarla, pero muchos han perdido su trabajo y si por ende ellos lo pierden, toda la tropa de cleaners, meseros, bartenders, plomeros y demás también caen al abismo.
¿Y cómo termina esto? Pues no hay trabajo o los “capos” de la limpieza y de demás trabajos varios comienzan a reducir horas o el precio por hora; y claro, uno no puede darse el lujo de protestar, pues atrás vienen miles de latinos, indios, o chinos por el mismo trabajo, e incluso hasta por menos salario.

Y el factor de la falta de dinero afecta el ánimo y las ganas hasta de caminar. Es decir, afortunadamente no me ha faltado el dinero para la renta semanal y para el mercado. Sin embargo, haciendo ya planes pues la visa expira pronto hay que reunir algunos doláretes – entre AUD 2000 y 3000 – para solventar los gastos de la visa para 6 meses más de estadía. Entonces la incertidumbre acecha, comienzan a atacarme los demonios internos, y una serie de preguntas gira en torno a mi cabeza. ¿Yo qué hago aquí, a qué me vine? Teniendo mi vida en Colombia ya medio posicionada me vengo aquí a comenzar prácticamente de cero.

Y, ¿cómo le explica esto uno a un amigo chino o alemán y que ellos logren saber qué pasa por mi cabeza cuando la situación está dura? Incluso cuando uno toma un cepillo y limpia un baño muchas veces se cuestiona. ¿Cinco años de universidad para esto? Para limpiar, para venir a “mopear, hacer la vacuum o el dusta”. No. Mejor me regreso y sigo con mi vida y punto. Recuerdo cuando uno de mis jefes en La Sabana me decía: Muchacho, ¿tú qué quieres ser? ¿Cola de león o cabeza de ratón? y claro, desde hace algunos años tengo unas inquietudes intelectuales bastante altas, entonces los trabajos mecánicos y repetitivos donde no se exija el cerebro me cuesta entenderlos. De hecho, por más mecánicos que sean trato de buscarles algo de estrategia o de lo que uno aprende en la vida. ¡Gracias Dr. Super 0!

En uno de mis trabajos tenía la responsabilidad de sacar todas las basuras de un piso de oficinas. Cada uno de los cestos tenía una bolsa negra plástica. Durante el recorrido, en el que me gastaba en promedio 30 minutos, esas bolsas demoraban el proceso de recolección de las basuras y por ende el tiempo de limpieza. Entonces decidí eliminar esas bolsas, así les ahorraba platica a los jefes, y colaboraba con el medio ambiente, pues tengo entendido que esas bolsas son un grave problema para el planeta. Sí, aquí se aprende de eso.
Pues en conclusión, tomé mis acciones sin consultar a mis jefes y tratando de ser más eficaz. El resultado: Me gané un “complain” o queja, y me botaron. Debo reconocer, que días anteriores a esta queja me había ganado otro “complain” por haber dejado una basura donde no era. Aquí, alego en mi defensa que esa basura no era mía, pero evidentemente aquí las explicaciones no valen mucho: Adiós, sin preaviso, cesantías, indemnización o despedida en un barcito con cervecita.

Cuando eso pasa aquí y no tienes como el hogar cálido para llegar y contarle a alguien, pues esto pega duro. De hecho, cuando uno tiene sus bajones emocionales cualquier golpecito al ego es tomado como la peor de las tragedias. Aquí aprovechan los malditos demonios internos que muchos poseemos para atacar sin piedad, entonces uno se siente solo, vacío, con ganas de correr – pero ¿a adónde?, con ganas de llorar y llega a nuestro lado una de nuestras ollas que a veces nos acompaña: la olla DE-PRESIÓN; que como no llega sola la maldita, se acompaña de unas gotas de recuerdos, y es donde extrañas a tus mejores amigos, cuando reíamos en el BBC de la 82, tomando cervecita y rajando de los profesores de la universidad, de otra gente y hasta de los gobernantes de turno. Extrañas esos abrazos de tu novia, los regaños de tus padres, o tener la comidita en la casa cuando se llega en las noches, así sea un pan de 200 pesos y un café caliente. Debo añadir que hasta hace falta Jota Mario en las mañanas, o Laurita Acuña incluso, los chismes de los sábados en el lavadero. Es más, siempre me he preguntado ¿qué será la vida de Daniela Franco, o en qué va Padres e Hijos?

Ante estas situaciones acuden los amigos que uno hace por aquí, quienes buscan darme la mano y que no decaiga más, no faltan los mensajes por facebook, msn o en el celular. Hace poco un amigo me decía, fresco lucho, que esto el primer año es muy difícil, pero el resto de años se vuelve imposible… Ja! Adelante!

Retomando un poco la labor a la que me dediqué por varios años – a estudiar para ser periodista- decidí averiguar por algunas historias de inmigrantes tanto aquí como en otros países. Las estadísticas me han mostrado que siempre se añora la tierrita, que la soledad golpea y que el proceso de adaptación a otra cultura es muy largo. Muchos inmigrantes tienen ventajas: Llegan con el idioma, con un patrocinador económico e incluso vienen acompañados por esposas e hijos, lo que “alegra” la vida y ayuda a superar, por momentos, los días difíciles; pero quienes llegan solos, con algunos dólares y apenas soltando la lengua, el panorama es diferente. En Estados Unidos, España, Alemania, Argentina, México, Inglaterra y otros, la situación económica ha puesto a muchos inmigrantes a la deriva, algunos regresan pues al menos en casa está el calor de hogar, otros deciden jugársela hasta que la crisis pase. La pregunta es, ¿hasta cuándo durará?

En otras historias, escuché la de un ingeniero colombiano, quien duró como dos años acomodando huevos en un supermercado aquí en Sydney. Al comienzo resistiendo el trabajo, ponga y ponga huevos, pero al final ya no quería ver ni unos huevitos con cebolla y tomate en el desayuno. En varias oportunidades tuvo la opción de ser contratado para trabajar en su carrera, pero algo pasaba y el trabajo no salía. Vivía inmerso en algunas profundas depresiones. Tenía una ventaja, su esposa lo acompañaba en las malas y en las inmundas; hasta que un día, por obra y gracia del destino, pudo ser contratado en su carrera, ser residente y comenzar a hacer una vida en Australia. Ahora luego de varios años ya tiene sus cosas aquí, gana muy bien – más de AUD 10.000 al mes- y tiene futuro. Después de dos años de acomodar huevos, por lo menos le quedaron huevos para aguantar.

Así hay miles de historias.

Una de las herencias que me dejó Juanito, fue su trabajo en las mañanas. Ahora, gracias a él trabajo por fin en algo relacionado con mi carrera. Trabajo para el Sydney Morning Herald, un periódico de circulación masiva, algo así como El Tiempo, de Colombia. Mi labor se concentra en repartir los periódicos en las madrugadas por algunas cuadras alrededor de mi casa. Bueno, como dijo la hermana de Juanito, por lo menos es relacionada con su carrera de periodismo.

Ya puedo decir que me lee mucha gente, pues además de ese diario, reparto otros ejemplares de otras casas editoriales.

Mi trabajo consiste en levantarme algo tempranito, tipo cuatro de la madrugada e ir a la agencia por los periódicos. Debo entregar alrededor de 60 periódicos. Allí tomo un carrito para cargar cajas y salgo a repartir las noticias del día. Entre semana es breve el asunto pues el movimiento nocturno es casi nulo y todo se hace más rápido. Pero los fines de semana el asunto se complica, pues aquí debo pasar por una de las calles gay de Sydney, la Oxford Street, donde a esas horas la rumba está hasta en las calles, y hay que lidiar con gente bien loquita, no falta el que lo saluda, la que le quiere robar un beso, los que quieren que les regale los periódicos, los que lo felicitan a uno, los que le invitan un trago, y los que piensan que uno es un loco más que les sigue el juego. Los sábados la edición del periódico es casi tres veces más grande y el viaje demora más tiempo pues hay que sacar más fuercita para empujar.

No faltan las incidencias climáticas que se tiran todo; de hecho cuando estaba en pleno entrenamiento con Juanito, nos tocó lidiar dos madrugadas lloviendo; entonces imaginen el asunto: Nosotros empapados – aunque yo llevaba mi ropa de montaña-, andando por las calles, con vientos fuertes que mandaban la lluvia de lado, buscando que los periódicos no se mojaran, y tratando de refugiarnos en cuanto arbolito nos daba la mano. En uno de esos aguaceros imprevistos, fue cuando me senté a esperar que escampara y allí me pregunté como por 324 vez, ¿qué estoy haciendo? Obviamente, a pesar del esfuerzo, ese día tocó entregar noticias pasadas por agua. Qué irónico, mis ávidos suscriptores leyendo noticias sobre incendios en Australia, en periódicos empapados.

Y así es todos los días, de domingo a domingo, de madrugada en madrugada. Como el trabajo es mecánico, mi cerebro comienza a botar ideas para optimizar el tiempo de entrega. Ya cambié mi medio de transporte por un carrito de supermercado. Aquí las personas los dejan en las calles tirados y uno los usa sin problema.

Allí pongo todos los periódicos y es más fácil cargarlos; sin embargo, como las cuatro rueditas son giratorias a veces es un karma maniobrar el “camioncito repartidor”. Aun así con esa mejora gastaba casi el mismo tiempo que antes, entonces decidí armarme de mi morral de montaña, un par de bolsas para hacer mercado y mi bicicleta. Aunque el desplazamiento es más rápido, imaginen la cargada de todos esos periódicos en mi espalda, parezco un silletero de Medellín. En fin, a esas horas de la madrugada, el fiel compañero es el Ipod para mitigar el aburrimiento tarareando canciones en inglés, - por aquello de seguir aprendiendo el idioma- , y una que otra en español… ayayayyyy qué bonita es esta vida!!!!

También encuentro por el camino algunos gatos – claro, de cuatro patas, aunque a veces me encuentro gatas de dos patas - Me miran, los miro; se quedan ahí pasmados mirando cómo dejo los periódicos debajo de las puertas. Son testigos en silencio de mi trabajo, parecen supervisores, aunque no joden como ellos. Aún no les hablo, pues si es complicado entenderles a los australianos, cómo será a los gatos australianos. Miellou!!! How miau are you?

También en ocasiones me encuentro con el lechero. Hacemos negocios serios: Le cambio un periódico por un yogurt. ¡Its a deal! Mi jefe es un viejito bonachón con un inglés bien australiano. Es decir que entenderle cuesta, pero ahí vamos reconociéndole los sonidos. Él se encarga de repartir los paquetes grandes y yo las unidades sueltas. La ventaja es que el hombre va en carro; bueno, es el dueño del aviso.

Todos los días me pregunta que si estoy bien, que si ya tengo otro trabajo. Él tiene sustico de que le deje botado el negocio, pero con esta crisis es imposible, de mi salario saco para la casita, la comidita, y algunos heladitos en McDonalds.

¡ Shit! Acabo de ver por la ventana de mi cuarto y está cayendo tremendo aguacero; ya casi es la hora de entrar al trabajo. Ni modo, a lavarme nuevamente entregando periódicos. Aunque mi ropa me proteja, el ánimo está empapado…
A la conquista!!!

lunes, 2 de febrero de 2009

El cartel de los cleaners


Ante todo ofrezco disculpas a las personas que se entretienen o esperan estos escritos. Para ser honesto, he atravesado unos días oscuros, a pesar del calor tan extremo que en algunos casos vivimos aquí – temperaturas sobre 40 grados centígrados-, de cual contaré más detalles en otra crónica, pues ésta es dedicada al arte del trabajo.

Varias personas me han preguntado si ya he conseguido trabajo, qué hago, en dónde, cuánto gano, que quién es mi jefe; la respuesta es sí, hace unos dos meses trabajo en una oficina del Ministerio de Defensa Australiano y mi trabajo en realidad es sencillo: Soy el Coordinador Logístico Encargado del Acicalamiento Nacional Repetitivo: es decir, si sacamos la sigla de mi cargo, soy el CLEANER.
Con esta breve entrada que, más adelante ampliaré en detalle, escribiré un poco de cómo ha sido la experiencia laboral adquirida trabajando en estas lejanas tierras.

Recién bajados de la avión una de las primeras preocupaciones es el tema de encontrar un buen trabajo. Como una gran barrera, según mi opinión, es el idioma, pues en realidad entender el inglés australiano se toma su tiempo y como lo que necesitamos son dólares urgentes, se opta por buscar trabajos donde no haya mucho contacto verbal con las personas, donde no se necesite usar el cerebro y donde el trabajo sea mecánico y repetitivo día tras día, hora tras hora; en conclusión, ser cleaner es una de las únicas opciones rápidas para comenzar a generar los primeros dólares aquí.

Claro que hay personas que ya tienen un buen nivel y consiguen mejores trabajos, o apenas se bajan del avión ya entrar a trabajar. Aquí la clave ha sido moverse, hacer contactos, preguntar, tocar puertas y decir “Hello, I am looking for a job, is there any position available here?, no? Ok, thank you”

Luego de los primeros días comenzamos los primeros contactos. Buscando al amigo del amigo del amigo, que tiene una amiga que es amiga de un amigo, cuyo amigo le dijo a un amigo que un amigo de un amigo está buscando gente. La estrategia es buscar números de celulares y enviar mensajes de texto avisando que estamos ¡Pa las que sea! .

Mi amigo Juanito tuvo la suerte de encontrar trabajo casi recién bajado del avión pues en un día normal fue a buscar a una de nuestras compañeras quien se encontraba perdida en una estación del tren. Mientras esperaba, algo cansado, decidió comprar un sausage roll, pues era lo más barato que había.

El tendero al ver la cara de hambriento, se compadeció y le rebajó un dólar en la venta. Ahí comenzó una breve conversación que terminó en un contrato a término indefinido. Su labor consistía en suplir la demanda de alimentos de los urgidos y agrupados usuarios de una estación de tren, quienes llegaban a comprar algo de comer o tomar en ese puestico ambulante de que desde ese día administraría Juanito.
Una vez arribé a Sydney comenzamos a buscar otras opciones, dejamos hojas de vida en bares, hoteles, tiendas, y otros establecimientos donde solicitaban personas para trabajar.

También hicimos algunos cursos que exige el gobierno australiano para poder trabajar. Por ejemplo, para el área de la construcción exigen una “green card”, pues aunque es un trabajo muy bien pago – un “ruso” puede ganarse 5000 dólares al mes-, es un trabajo que tiene sus riesgos, y ese curso es para conocerlos y saber cómo trabajar. Hay que sacar certificados para ser mesero, niñera, servir un café, entre otros.

El tiempo pasaba y no llamaban para nada. Sólo una vez me llamaron de un restaurante mexicano que abriría dos sucursales, pero parece ser que no pasé el examen de admisión. Incluso un día salimos como a las 5 de la mañana a buscar trabajo en un establo que quedaba cerca de un hipódromo. Allí, el trabajo consistía en cuidar y arreglar unas pesebreras mientras los caballitos descansaban antes de entrar a su rutina diaria. Ese día fuimos e igual nos dijeron: No hay trabajo.

Como no salían opciones nos inscribimos en un curso para aprender a hacer una hoja de vida, el cual nos dio algunas pautas, pues aquí las hojas de vida se hacen de una forma algo diferente a las tradicionales. Entonces imprimimos unas nuevas, y salimos entusiastas a dejar nuevas en otros sitios. El resultado: Nada.

Entonces recurrimos a los contactos. Un amigo que vive aquí hace algún tiempo, nos dio una lista de teléfonos para enviar mensajes de texto y así buscar que nos llamaran. Varias veces lo hicieron y pudimos comenzar a hacer algunos turnitos. Uno de mis primeros trabajos fue con un colombiano que limpiaba casas.

Allí me monté en su camioneta y me fui a limpiar casas con el salario de 20 dólares por casa limpiada. Éramos dos cleaners por casa y me tocó hacerlo con una brasilera. En la primera casa que me asignaron mi labor era poner los platos en la lavadora de platos (wash machine), y limpiar la cocina. En realidad no me tocó hacer mucho. Aquí dije – Uff este trabajo es breve- y claro como no hay que escupir para arriba, la segunda casa que nos tocó limpiar era de una mujer australiana bastante mayor y desordenada, - por no decir que era una cochina inmunda-.
En fin, ni para que recordar cómo era ese baño, pero me dispuse mi armadura mental, y a limpiar esa mierda –literalmente hablando-.

Luego limpiamos dos casas más. Después de casi 7 horas de trabajo mi ganancia fue de 80 dólares. Salí cansado pero con algo de billetico. Era mi primer salario australiano. MI jefe de ese momento se llamaba Danilo, un colombiano con 12 años en este país. Aventurero, viajero y algo solitario tiene su empresa de limpieza y al parecer le va muy bien, pues intuyo que el negocio de la limpieza aquí es bien remunerado, bueno, cuando uno es empresario, porque de cleaner la cosa es a otro precio.

Llegando a este punto, al parecer en Australia existe una mafia colombiana acerca de la limpieza; aunque esta es una mafia que hace buenas cosas; es decir, muchas empresas de limpieza aquí son de colombianos, o algunas otras están en manos de latinos. He sabido de casos de personas que llevan aquí 5, 10 ó más años en estas labores. Considero que les ha ido muy bien económicamente, pero a veces me inquieto y me pregunto ¿y sus sueños eran estos? Es decir, no tengo nada en contra de ese trabajo, es más, lo he hecho yo, tanto en Colombia hace muchos años, como aquí, y es como cualquier trabajo, aunque más duro y difícil, pero, ¿toda una vida en estas?. Bueno, respetable decisión.

Otra situación que he notado es que el trabajo de limpieza no es muy bien pago. Los capos de este cartel aducen la mala paga a la situación mundial. Que la llegada de Obama alteró las acciones de las empresas de limpieza en la bolsa; que el retiro de Bill Gates de Microsoft fue porque se va a dedicar, entre otras cosas, a limpiar la casa él mismo y por eso botó al cleaner, etc.., en fin muchas excusas presentan, unas válidas otras no tanto; pero el caso es que el promedio de pago es 12 dólares la hora.

Algunos australianos de pura cepa, viejitos y con inglés imposible, se indignan cuando saben que así se están pagando los salarios. Pues sí señores, así son los sueldos en el mercado de los cleaners, aunque hablo por lo que he vivido. He oído de personas que ganan un poco más o que tal vez en otras ciudades australianas este trabajo sea mejor remunerado, pero hasta el momento ha sido así.

Aunque con un salario así, trabajando lo que permite el gobierno, es decir unas 20 horas a la semana, se ganan unos 1000 dólares al mes, que le permiten pagar una habitación, comer, y de vez en cuando comprar un cono de 50 centavos en McDonald’s.

Uno de estos capos de la limpieza me contactó para hacer labores varias. El hombre y su esposa son un par de colombianos bonachones y buenas personas. Mi labor inicial se encaminó a limpiar una oficina de arquitectos. Aquí lo clave para comenzar estos trabajos es aprenderse el nombre de las herramientas de trabajo, pues una particularidad que todos tienen es que hay un extraño manejo del spanglish, el cual es necesario adquirir para que no se estén repitiendo las tareas. Aquí describo algunos ejemplos del spanglish de la limpieza:

Mop: Trapero
Mopear: Trapear
Hey, ven y me mopeas aquí, y luego vas y mopeas allá.: Trapéame aquí y allá.
Vacuum machine: Aspiradora
Hazme la vacuum o pasa la vacuum: Aspira
Dust: polvo
No olvides hacer el “dusta”. Recuerda limpiar el polvo
Bucket: Balde
Pilas, no haga reguero con el mop, cuando mopee, mejor use el bucket.
Bleach: Cloro
Pilas hombre!!! Dele más duro con el bleach, échele más bleach. : Cuando limpie use más cloro para sacar esa mugre tan dura.

Hay más ejemplos de cómo se combina el inglés y el español, e incluso uno de tanto estar escuchando eso termina por adoptar esta nueva jerga a su léxico. Pero suena tan horrible, como aquel día que fuimos a una agencia para solicitar información de cómo extender la visa, y uno de nuestros asesores nos dijo que era muy necesario “bukear” el IELTS.

En términos hispanohablantes, el hombre se refería a “reservar” el IETLS y presentarlo. Pero el consejo fue “Bukéalo, bukéalo pues los cupos son pocos. Qué viva el spanglish. ¿ Me understendieron?

Luego de varios días de prueba con los jefes, pasé el periodo de entrenamiento y fui asignado a labores de mayor responsabilidad como vaciar los cestos de basura, limpiar baños y hacer el “dusta”, sumado a labores adicionales como limpiar ascensores y recoger las colillas de cigarrillos de la entrada de un edificio. Al comienzo trabajaba con mis jefes, pero luego de varias semanas hacía el trabajo solo. Ya tenía la rutina preparada. Limpiaba las oficinas de dos pisos, más la entrada principal en el edificio del Ministerio de Defensa. Llegaba a las 5 p.m. y comenzaba mi labor. En el piso seis una empresa del gobierno había rentado ese piso. Allí llegaba como cualquier parroquiano: “Ey, I´m the cleaner”. Allí en esta oficina había tres celadores, dos muy buenas gentes y el otro no tanto, y además, colombiano.

Aquí debo resaltar que ha habido unos colombianos que se han portado muy bien con nosotros. Nos ayudan con trabajo, nos dan consejos de cómo es la vida por aquí, de vez en cuando llaman para saber cómo vamos; pero hay otros que definitivamente, no pueden ver una gallina feliz comiendo purina porque fijo le meten una patada. Qué envidia tan mamona!!!.

Aunque en el caso de este colombiano que trabajaba en la oficina, el hombre nació en Medellín, pero a los dos años se lo trajeron para acá; de hecho un día tuvimos una conversación y me contó que se había ido a vivir a Medellín dos años, pero que no le había gustado y se regresó. –Yo soy australiano-, replicó.
Los otros dos son unos bacanes. El primero es un australiano, de origen turco. Siempre que llego hacemos una charla sobre cosas de la vida, me pregunta cómo voy por aquí y me ayuda con el inglés. El hombre vive aburrido con su trabajo, pero como él mismo dice ¿qué más hago? El otro personaje es un nepalí al cual le enseño algunas cosas básicas del español. Aquí mis labores consisten en aspirar, sacar las basuras, limpiar los baños y surtirlos – lo que implica también poner el rollito de papel en el tubito -. Siempre me he preguntado, por qué ellos no lo ponen? Un amigo me dijo – Usted haga su trabajo, para eso le pagan-. Tiene razón.

Luego debo sacar las basuras y dejarlas en unos cestos para que en la noche pase el carro recolector y se las lleve. En esta oficina el trabajo es suave, aunque en ocasiones me ha tocado ir de urgencia, pues han ocurrido unas “gravísimas emergencias” que requirieron mi presencia inmediata: Una vez se regó un café en la alfombra, y en otra ocasión, al instalar un tóner en una impresora laser, se regó un poquito del polvito también en la alfombra. Lo dicho: Gravísimas.

En el piso siete, el trabajo es un poquito más pesado. El primer día cuando estaba sacando las basuras, alguien había botado un vaso lleno de café en unos de los cestos y zas!! por poco me lo echo encima, pero sí me unté las manos y la sensación fue algo desagradable. Afortunadamente era sólo café.

Al otro día me compré mis guantecitos y fui feliz, pues la empresa no surte los elementos de protección necesarios.

Desde este piso se pueden ver otros edificios, y en las noches uno alcanza a notar la tropa de cleaners en otras oficinas; como sí cuando Australia duerme, la tropa sale y limpia el país. Muchos de quienes hacemos estos trabajos somos invisibles. Llegamos a las oficinas cuando todos se han ido, recogemos sus desórdenes, botamos la basura, limpiamos y aspiramos. En algunos casos nos dejan avisos “ey cleaner, bótame esto o límpiame aquí”, incluso cuando los cleaners llegan y hay personas aún en las oficinas, nadie se inmuta; no se escucha un “buenas noches”o un “por favor”. No hay palabras, solo cosas por limpiar, organizar y botar. Es el mundo de los cleaners.

Y todo iba tan bonito cuando de pronto… me botaron del trabajo. Llegaron los días negros…

domingo, 28 de diciembre de 2008

La vida en Australia - A las puertas de una deportación inminente


La historia que narro a continuación es como para no creer, pero efectivamente pasó . No contentos con tratar de superar el impase del robo de las bicicletas, salimos el sábado en la noche para tratar de olvidar aquel funesto episodio. Estuvimos en un bar cerca al Opera House tomando cervecita, pues aquí los demás licores son bastante costosos y una borrachera vale sus buenos dólares.

En plena fiesta, de múltiples nacionalidades, conocimos a un grupo de asiáticas, quienes también estaban en el plan de ir a tomar y departir un rato entre ellas. Como decimos en nuestro país: Ellas solas, nosotros solos, pues…

Con Juanito decidimos entablar una conversación con ellas. Nos hicimos pasar por recién llegados a la ciudad y que estábamos conociendo los monumentos más representativos de la gran ciudad de Sydney. Ellas, muy amables, nos contaron que llevaban ya su tiempo por estas tierras, y se ofrecieron a mostrarnos la ciudad. Continuamos departiendo con ellas por espacio de unas dos horas, en las cuales intercambiamos historias chinas y colombianas.
Ellas estaban emocionadas con la forma en que nosotros les hablábamos, pues en ocasiones nos salían algunas frases en español, y el acento parecía gustarles. Luego nos dijeron que los latinos teníamos fama de buenos bailarines y para comprobarlo les dijimos que si querían ir a la Cita – un bar latino aquí en Sydney-; ellas accedieron y tomamos un taxi para ir al destino mencionado. El reloj apuntaba sus palitos a las 2:30 a.m.

En este lugar estuvimos cerca de dos horas. Efectivamente es un lugar para sentirse en casa, pues la música proviene de cantantes y grupos famosos de Colombia, en algunos casos Carlos Vives, Fonseca, algunos de salsa, otros tropipoperos y demás. Allí, nos divertimos bastante enseñando a estas chinas a bailar pues no son muy hábiles con el paso apretujado de una salsita suave, o el pasito izquierda derecha de un vallenato, y ni hablar de una canción estilo “Me vale” de Maná, la cual se baila en grupo. Sin embargo, ellas emocionadas, y con cámara en mano, guardaban registros de todo lo que pasaba en sus entornos. Les ensenamos algunos pasos, a bailar ‘apretadido’; a decir al oído: Estudias o trabajas? y otras cosillas típicas de las rumbas colombianas.


Pues hasta ahí fue lo bueno de la noche…


En la televisión australiana muestran unos comerciales bajo el lema “Dont turn a night out into a nightmare”, que significa algo como “No conviertas una noche de rumba en una pesadilla”. Es una campaña de prevención para que las personas que salen en la noche y toman trago, lo hagan con mesura y responsabilidad, pero parece que en algunos casos no ocurre así.

Ya tocando las 5 a.m. y de regreso a la casa, abordamos un tren que nos llevara a la ciudad. El tren estaba muy solitario pues son pocos los que a esa hora lo abordan, la gran mayoría quienes salen de las rumbas y uno que otro borrachito que se quedó dormido.

Nosotros íbamos en uno de los vagones de la parte de atrás. Apenas íbamos Juanito, tres de las amigas de China y yo. Todo transcurría normal; ellas sentadas en frente de nosotros. De pronto, en la estación siguiente se subieron un grupo de personas, cuyas edades oscilaban entre 15 y 19 años. La gran mayoría bastante borrachos, y uno que otro bajo los efectos de alucinógenos.

Ellos se ubicaron en la parte delantera del vagón y hacían un escándalo que retumbaba por todo el tren. Nosotros algo atemorizados, aunque relajados y tratando de ignorar el asunto, dejamos que siguieran su show. Pasados unos minutos uno de aquellos borrachitos se acercó a donde estaban nuestras amigas, se sentó al lado y comenzó a hablarles. Nosotros estábamos muy atentos a alguna reacción inesperada pues estos personajillos son bastante desagradables cuando toman y le buscan problema al que sea. Al comienzo, la conversación con una de las niñas se concentraba en saber de dónde era y cómo se llamaba, etc.
Sin embargo, la situación comenzó a ponerse tensa. El personaje comenzó a hablar mal de los chinos – en lo poco que se le entendía, pues con ese acento y además borracho- que habían invadido su país y que ellos no lo iban a permitir. De la voz fuerte pasó a los gritos y estas pobres mujeres comenzaron a sentirse atemorizadas. Nosotros, en medio de una incertidumbre porque como extranjeros no sabíamos qué reacción tendrían si interveníamos. Sin embargo, pudo más nuestro instinto de protección y reaccionamos. Me acerqué al hombre y le dije que ellas venían con nosotros, que por favor se apartara y no las molestara.

El hombre, pareció calmarse y se retiró a donde estaban sus amigos. Pensábamos que la situación se había calmado, y les dijimos a nuestras amigas que se sentaran al lado de nosotros, para que las vieran acompañadas y no volvieran a acercarse a molestarlas.

Pero, para desgracia nuestra no ocurrió eso. Esta vez se acercaron otros tres, incluido el primer borracho, y nos dijeron que el problema de ellos no era con nosotros, si no con las chinas; que no fuéramos metidos. Uno de ellos empujó a una de las mujeres y le volvió a gritar que se fueran del país de ellos, que no las querían aquí.

Nosotros le insistimos al hombre, de buena manera pues no queríamos ganarnos un problema peor, que respetara las diferencias, que nosotros no los estábamos molestando. Ya la situación estaba tensa y ansiábamos llegar pronto a la estación para buscar ayuda del equipo de seguridad del tren, pues nos habían advertido que era mejor no buscarles problema, pues los extranjeros siempre llevaríamos las de perder.

Los minutos pasaban y nosotros buscábamos la forma de evitar un conflicto mayor, siempre evitando una agresión física ante las mujeres o nosotros. Pero estos personajillos, al ver que no les respondíamos comenzaron a insultarnos a nosotros; que nos largáramos con ellas que Australia era solo para los australianos y estaban mamados de la invasión asiática.

De los insultos pasaron a los empujones hacia nosotros y ahí si fue troya. Juanito que estaba prendido empujó a uno de ellos y como estaba bien borracho fue a dar al piso entre los asientos del tren. Cuando ocurrió esto, los demás amigos, incluidas las mujeres, se abalanzaron sobre nosotros. Y claro, estábamos en tremenda desventaja de 13 contra 2.

Así que, aunque no somos personas violentas, aquí ya se trataba de supervivencia, pues este grupo con la mayoría de sus integrantes bien borrachos, solo buscaba golpear y golpear, sin medir las consecuencias.

En medio de la pelea, le dije a Juanito que por lo menos le diéramos duro a uno para ver si los demás se calmaban, y le apuntamos al líder del grupo. El que había comenzando todo el problema. Entonces el cuadro pintaba así: nosotros pegándole solo a uno, y buscando defendernos de los demás 12. La pelea duró aproximadamente dos minutos, pero fueron los minutos más largos que hayamos vivido durante nuestra existencia; pues los daños físicos y materiales fueron bastantes.

Una de las niñas que defendimos presionó el botón de ayuda del tren y se comunicó con el maquinista para avisar lo que estaba pasando. El inmediatamente hizo sonar la alarma y sentimos como aceleró el tren para llegar la estación más cercana. Por el megáfono anunció que había una situación de orden público en uno de los vagones y que la policía estaba advertida. Ni con ese anuncio la pelea se detuvo. Unos minutos después, el tren arribo a la Central Station, y, gracias a Dios estaba allí la policía.

Aquí afortunadamente la reacción de la policía en estos casos es casi que inmediata. De la nada aparecieron más de 50 agentes, tanto de la policía estatal, algunos de la federal y varios agentes del departamento de inmigración.

Sin embargo, como nos encontraron en tremendo tropel, nos redujeron a todos; es decir, por cada uno de nosotros había tres agentes, quienes se encargaron de tirarnos al piso, y esposarnos. En lo que les entendí, nos arrestaban por causar disturbios y daños a propiedades del estado; en este caso se referían a los vagones. Nosotros les explicamos que no teníamos nada que ver con el asunto, que nos habían provocado y que teníamos testigos.

Había varias personas en otros dos vagones que vieron todo. La policía los interrogó, buscando algunas evidencias, relatos y pistas de lo que había sucedido, pero solo dos de ellos, un italiano y un argentino, accedieron a declarar a favor de nosotros. Luego de media hora de recoger testimonios, tomar fotos y otras pruebas, nos metieron en varias patrullas rumbo a la estación de policía de Darlinghurst.

En una de las patrullas estábamos Juanito y yo, pues con base en los testimonios, los policías ya nos habían identificado como uno de los grupos de pelea. En al camino a la estación hablamos con una de las agentes y le contamos la versión.

Ella parecía que nos creía, pero no estaba autorizada para hacer algo a favor de nosotros. Simplemente nos dijo que el caso iba para un inspector de policía, quien evaluaría el informe con base en todos los relatos y pruebas obtenidas. El decidiría si nos dejaba libre o nos retenía por agresión a ciudadanos australianos, aunque siempre insistimos en nuestra inocencia, sumando el hecho de estar sobrios frente a las otras personas.

Los agentes nos dijeron que en caso de que el inspector decidiera que el caso iba a la corte debíamos conseguir un abogado, pues nos serían imputados cargos de disturbios y daño en propiedad del estado, cuyas penas son bastante altas en dinero y en el peor de los casos podría significar la expulsión del país. Pues aquí la vaina se puso más tensa pues nos parecía injusto que por defender a unas personas que eran atacadas, nos fueran a cancelar la visa y a deportar a Colombia.

Los agentes solo atinaron a respondernos que la última palabra la tenía el inspector o el juez de la corte; que lo mejor era que llamáramos al consulado para buscar asesoría o conseguir un abogado que nos representara.

En la estación de policía nos tomaron testimonio a cada uno de los implicados en el incidente. Éramos aproximadamente unas 20 personas, entre los de la pelea, testigos, policías y autoridades del tren. Mientras esto pasaba, nos quitaron las esposas y nos encerraron en una celda mientras el inspector definía nuestra situación.

Fuimos los últimos en pasar, luego de casi seis horas de haber llegado a la estación. Allí explicamos paso por paso, y muy detalladamente que habíamos aquella noche. Como no estábamos tomados, hablamos conscientemente de todo lo que pasó, y narramos en detalle la situación, el inspector decidió dejarnos libres, bajo el compromiso de presentarnos en la estación de policía el próximo lunes, pues al parecer, con quienes tuvimos la pelea nos iban a demandar por haberlos golpeado, y el caso se iría a la corte.

Nosotros le insistimos al inspector que no iniciamos la pelea, pero que estaríamos a disposición de las autoridades para colaborar en lo que necesitaran y que nos presentaríamos el día que nos dijo. Nos tomaron nuestros datos personales, de residencia y demás, y nos permitieron hacer unas llamadas. Yo afortunadamente tenía el teléfono de una señora que trabaja en el consulado de Colombia en Sydney, a quien conocí en la marcha contra el secuestro que hicimos aquí en noviembre pasado.

En realidad no tenía a quién llamar aquí y opté por ella. Le conté toda la historia y ella me tranquilizó al decirme que el consulado nos conseguiría un abogado para asesorarnos y sacarnos del problema, aunque para ser sinceros el fantasma de la deportación comenzaba a asustarme, pues estamos en un país donde protegen mucho a sus ciudadanos y una pelea con uno de ellos, es una pelea perdida en los tribunales. La señora del consulado me dijo que me marcaba al celular apenas tuviera alguna razón del abogado. Colgué y me mantuve en la estación mientras me llamaba.

Efectivamente, varios minutos después mi celular comenzó a sonar. Aunque extrañamente no era el sonido del ringtone de una llamada entrante, sino la alarma de mi celular que se había activado.










Ahí fue cuando me desperté: FELIZ DIA DE LOS INOCENTES.









Pdta: para quienes no conocen la tradición de las INOCENTADAS en Colombia, pues toda esta historia es inventada. Solo quise ver quién caía. No me odien.
Por cierto, Aquí en Australia nos tratan muy bien

viernes, 19 de diciembre de 2008

¿Y dónde putas está mi cicla?


Ante todo me disculpo por esa palabra extraña y fuerte en el título de esta crónica; debí de haber puesto ‘bicicleta’ para que se entendiera mejor, pero comúnmente la conocemos como dice en el título.

Tengo un leve empute, sumado a una rabia canina con virus baboso y algo de decepción. ¿La razón? Pues luego de estar casi tres meses por estas tierras australianas, donde tratamos de alejar un poco el fantasma de la inseguridad que lamentablemente nos aqueja, aquí nos ha tocado vivirla.

El viernes pasado por una situación externa climática – estaba cayendo un aguacero tremendo- opté por dejar mi cicla al frente de la escuela, con el casco y su respectivo candado, atada a una señal de tránsito. En Sydney, y supongo que en toda Australia, es común que los ciclistas dejen sus bicicletas en postes, señales de tránsito o parqueaderos especiales para éstas; tan solo las aseguran con un candado y listo. Sin embargo, cuál sería mi sorpresa cuando al otro día fui a recogerla y ¡chispas! ¡zambomba! ¡recórcholis! , no estaba!

Entonces me hice esta pregunta ¿y dónde putas está mi cicla?. Pues sí, me la robaron. Aunque por un momento me ilusioné y pensé – bueno estamos en Australia, seguramente la policía la tomó por haberla dejado parqueada toda la noche, etc... etc... Aunque no era la primera vez que dejaba la bicicleta toda la noche. Definitivamente buscando excusas estúpidas pues aún me resignaba a creer que en una calle tan transitada de Australia como lo es Oxford Street, mi bicicleta había desaparecido.

A la fuerza tocó hacer de tripas corazón y asumir la pérdida del caballito de acero. Hacerle un pequeño homenaje a aquella amiga con la que compartí días de trabajo, lluvias torrenciales, vientos que tumbaban y una que otra disputa con más ciclistas.

En fin, la bicicleta había desaparecido. Como estamos en un país extraño y empujado por la malicia indígena de la cual aún no me desprendo, decidí ir a la estación de policía pues me inquietaba pensar qué podría hacer un malandro con esa bicicleta; según pude averiguar en ocasiones algunos personajes llamados localmente “junkies” o “jóvenes basura”, llamados así pues van por la vida sin saber para dónde coger, todo les vale mierda y le buscan problema a medio mundo, salen en las noches y si ven una bicicleta dando papaya se la roban, la cogen a patadas o la desvalijan; y así hacen en varios sitios, como en los trenes, los buses y otros sitios donde uno encuentra sus huellas: grafitis, basura o monumentos dañados por estos personajillos del bajo mundo.

Otra hipótesis de personas que ya llevan su tiempo viviendo aquí es que algunos drogadictos roban las bicicletas para regalarlas por algunos dólares o lo que les den, y así poder alimentar su vicio. En definitiva, el “primer mundo” me daba la bienvenida, como decía mi amiga, la ballesticas.

En la estación de policía me hicieron un interrogatorio como si me hubieran robado un Ferrari, e intuí que de pronto al hacer tantas preguntas era porque allí la tenían y buscaban verificar que era el dueño. Presenté recibo de compra, cédula, fotos, pasaporte, mejor dicho, sólo faltaba el dato del kilometraje o cuándo le había hecho el último cambio de aceite. Al final del interrogatorio me dijeron “Haremos el informe y lo llamaremos para darle el número del mismo”. ¡Plop!

Aún no lo creía, pero había pasado. Algunos amigos y gente cercana no lo creían, pero definitivamente había sido una piedra negra en el camino. Y lamentablemente había vuelto en mí el síndrome de no dejar nada “por ahí”. Estaba comenzando a confiar, incluso algunas veces había dejado mi computador portátil en la biblioteca de la escuela y no había pasado nada. Comenzaba a creer, y zas!!

Narré la historia varias veces a personas cercanas, y bueno había aprendido la lección. Incluso alcancé a sentir algo de culpa por haberla dejado toda la noche allá.
Listo, asumimos la pérdida. Por el momento comencé el proceso de buscar otra bicicleta para reponer la robada. Aquí es muy beneficioso tener una pues se ahorran varios dólares en transporte y cumple uno con su cuota de ejercicio.

Luego de varios días y creyendo haber superado el incidente, cierta mañana nos levantamos para ir a la escuela. Juanito salió media hora más temprano, pues yo tenía el último día de clase y la escuela había preparado un barbecue en la playa. Juanito se despidió como de costumbre. Yo ya estaba frente al computador organizando unos trabajos para Colombia, cuando de pronto sentí que Juanito había regresado.

Inocentemente pensé que había olvidado algo, cuando abrió la puerta y simplemente pronunció “Luchito, me robaron la cicla”. ¿Qué? No sea tan hijue!! ¿Otra vez?. Nos mordió el marrano y por partida doble. Pues sí, bajé a mirar y efectivamente habíamos sido víctimas por segunda vez de estos hamponcitos que no lo pueden ver a uno juicioso trabajando para buscar la papita diaria.

En esta ocasión, la ratita no pudo desarmar el candado, pues tenía signos de ser forzado, entonces no tuvo problema en desarmar la rueda trasera y dejarla ahí para llevarse el resto de la bicicleta.

Obviamente siendo realista uno es consciente de que fue un hecho aislado, que este es un país seguro en muchos aspectos, pero da mucha rabia que haya pasado dos veces, y más cuando necesitamos las bicicletas. He aprendido a no pensar tanto en el dinero y ser más desprendido, pero la pérdida fueron casi 500 AUD.

En fin, ya conseguiremos otras, o como dijo un gran amigo que conocimos aquí.
Todo en la vida pasa por algo, a lo mejor no nos convenía tener más esas bicicletas. ¿Será cierto? , ¿Será que ya es hora de comprar carro?.

Seguiremos rodando por este país…


Cambiando de tema, por estas épocas navideñas, las cuales aquí no es que se vivan en grandes derroches de luces y novenas, por lo menos en la ciudad.

Me han dicho que en los suburbios se prende más la fiesta. Aprovecho la ocasión para agradecer a todas las personas que en algún momento se cruzaron por mi camino y me apoyaron para poder estar aquí.

A todos mis amigos les doy las gracias y les deseo lo mejor; a mis enemigos también, que sigan haciéndome la vida difícil para buscar nuevas formas de enfrentarla, pues como decía mi gran querido profesor Fernando Cvitanic, en alguna clase sobre liderazgo, que aquel que le cae bien a todo el mundo, está condenado al fracaso.

Este año ya pasa y hay cosas que debemos dejar atrás, no seguir en algunos círculos cansones y dañinos, esperando cosas que nunca van a llegar, o buscar estar vinculado a personas que no quieren estar vinculados con nosotros. Hay que cerrar círculos, dejar ir, respirar, y dejar pasar.

No olvidemos también romper las reglas de vez en cuando. Qué aburrida la vida cuando todo se programa, cuando se hace lo mismo de 8 a 5, o cuando siempre se pide el mismo combo en McDonalds. ¿Siempre me pregunté por qué todos los días se va de corbata al trabajo? ¿Qué se nos pide, corbatas multicolores o ideas multifuncionales? . Luis Obregón, no me regañe muchacho.

Todo lo que uno quiere hacer en la vida, lo puede hacer. No hay barreras físicas, sólo mentales. El poder de la mente es impresionante.

Nunca digan NO PUEDO, ES IMPOSIBLE, NO CREO QUE LO LOGRE, pues el cerebro se cree eso y de ahí no los saca nadie. A pesar de las posibles dificultades que nos presenta la vida, hay que ser positivo; así un día se levanten y les hayan robado las bicicletas.

Pensar siempre en grande, y no ser amarrado con el dinero. En la medida en que hagamos circular el dinero, así mismo éste regresa.

Si uno busca siempre lo más barato, el 2 por 1, ir a comprar al totazo o al hiperzapatazo, así vivirá toda la vida pues el dinero sólo le fluirá para eso. Si quieren comprar algo que vale más de lo que ganan, nunca digan: NO ME ALCANZA. Simplemente pregúntense qué deben hacer para conseguirlo; el cerebro comenzará a producir ideas.

Póngase metas para el otro año, pueden ser poquitas, unas 32 para comenzar. Escríbanlas donde siempre las vean y se las estén recordando. Comenzando desde las pequeñas, las que se pueden lograr en unos días, o en unas horas. Pedir siempre el favor, y dar las gracias. Sonreír.

Hacer algo por los demás – ojo, que no sea mantener- No me odien, pero cuando se ayuda a alguien siempre, eso genera dependencia. Siempre buscarán ayuda en ustedes, y eso ata a las personas, mata cerebros y cuando usted diga NO, se gana enemigos.

Aprender algo todos los días. Yo ya sé decir hola y adiós en chino. Se lee “nijao” y “saiyien”

Bueno, perdón el desorden de ideas, pero quería expresarme…

Feliz navidad y feliz año para todos.

martes, 18 de noviembre de 2008

Yo también hablo inglés… pero despacio


El título de esta entrada lo hago en memoria de la señorita Guainía del año 1999 quien para ese momento nos deleitó con su perfecto inglés. http://www.youtube.com/watch?v=n2pbLmeQvfA

Por esta razón considero que uno se de cuenta realmente de cómo es su nivel de inglés cuando se enfrenta a una persona nativa del idioma, tanto australiana, inglesa o estadounidense. Aún recuerdo mis monitorías de nuevos medios en las cuales trataba de soltar la lengua, pero más de uno pensaría que mi nivel era terrible;  y por supuesto uno pensando que si decía “hi every body, welcome to the new media class” ya dominaba esta lengua anglosajona.

Por esta razón – aparte de otras igual de importantes- decidí venir a estudiar inglés aquí. El primer día como siempre los nuevones nos miramos unos a otros tratando de adivinar nacionalidades, culturas y buscando gente de las mismas regiones; obviamente es más sencillo distinguir algunos ciudadanos como los indios o un grupo de asiáticos; pero siempre que los veo me pregunto y este, ¿de dónde será? ¿Asiático; pero chino, nepalés o coreano?. Así pasa con todos.  Nos sentamos en las sillas de la recepción de la escuela esperando por quien nos reciba o nos indique qué hacer; y claramente todos callados, pues aunque hay una recepcionista, nadie le pregunta nada pues obviamente hay que preguntar en inglés y a uno lo invade la duda ¿será que me entenderá?; ¿y si me responde algo y no entiendo? O de pronto me dirá que soy un tonto y yo ¡Yes, yes!; en fin, mejor calladito y a esperar.

Pocos minutos después aparece Andy, quien es uno de los organizadores en la escuela y tiene un cargo con los estudiantes. Nos saluda con un inglés bastante americano pues el australiano raso es más enredado aún; nos lleva a un saloncito y comienza el día de inducción. El grupo es un salpicón de nacionalidades pues hay coreanos, chinos, italianos, alemanes, colombianos, brasileros, entre otros. Andy hace un par de chistes en inglés que muchos no entendemos, pero como para no quedar mal nos reímos para hacer ver que entendemos. ¡Uff! Qué oso que sepan que no sé inglés aquí. ¡Oh my god!

En la conferencia de inducción Andy nos dice que aquí aprenderemos más el inglés australiano, pues los países que tienen este idioma se burlan entre ellos mismos; Andy , como australiano, dice que ellos son los más neutros pues los británicos son muy “de clase” y los estadounidenses son más gomelos en el hablar; y claro nos la montó de gomelos pues muchos venimos formados con el inglés americano de tanto llorar con Leonardo Dicaprio en Titanic; tararear las canciones de Britney Spears e incluso saber de memoria la frase “I`ll be back” del famoso Arnold.

Luego nos hace un tour por las instalaciones de la escuela, y todos con carpetica en mano atentos a las explicaciones. Por cada estación que pasa hace una breve introducción con la que cada uno de nosotros ni se inmuta, pues el hombre habla, y habla, y habla… Pasados unos 15 minutos regresamos al salón, nos entrega los horarios y hasta luego; Nos vemos mañana.

Al otro día, reviso mi horario de clase publicado en una cartelera. Allí hay bastantes horarios y encontrar mi nombre fue difícil, pues hay gran variedad de nombres y apellidos, muchos de ellos imposibles de pronunciar con fluidez.  Me han asignado el salón 13 con la profesora de nombre Linda.  Ojalá me hubiera tocado una profesora acorde con su nombre, pero cuando llego al salón noto que es una viejita de unos 60 años, muy buena gente eso sí, y con una decencia al estilo británico. Ella me asigna un puesto, me entrega un libro, y de todo lo que me habla entiendo un 38.69%; sin embargo, sonrió diplomáticamente y me ubico en mi silla. Luego frente al curso hace las preguntas de rigor

-Luis, where are you from? - ,
- Colombia-
ohhhh There are too many Colombian people here.
¿Really,  where are they?

A mi llegada la escuela había visto uno o dos, pero al parecer somos bastantes; aunque hasta el momento no me ha parecido así; he visto más chinos, pues estos ciudadanos abundan; no en vano de cada cinco personas en el mundo, uno es chino.

Es más, un día en una clase, una coreana hizo un chiste en frente de algunos chinos, que hasta me dio pena ajena. Ella dijo que si a todos los chinos le diera por orinar al mismo tiempo, Corea sufriría unas inundaciones terribles y se ahogarían en ese tsunami ultra salino todos ellos. A los chinos como que no les gustó mucho el chiste, yo sí me reí mentalmente.  Entender el humor de cada país es muy complicado. ¡Cómo extraño el cuenta huesos, hagan todos asíiiiiiiiiiiiii”.

Hablando de esto, recuerdo una clase de conversación en la que debíamos escribir unas preguntas para hacerlas entre mis compañeros. El profesor nos sugirió hacer preguntas difíciles para obligarnos a reforzar el vocabulario y la gramática a la hora de preguntar. El hombre nos dio carta blanca para hacer las preguntas que quisiéramos. Yo dije, bueno vamos a mamar gallo un rato. 

Quería escribir la pregunta de ¿Por qué las gallinas no tienen tetas?; y claro no tenía ni idea de cómo se decía gallina en inglés. Sabía decir “Chicken” pero ni idea de gallina, entonces le pregunté al profesor. Él me dijo, “hen”, y listo, la pregunta había sido formulada: Why hens don’t have boobs?. Unos segundos antes de comenzar la prueba me entró cierta tensión por el chiste que iba a hacer, especialmente porque había personas de diferentes culturas y tal vez heriría susceptibilidades. Decidí cambiar la pregunta por una más suave: ¿Por qué los animales comen con la cola? Why animals eat with the tail? Comenzó la ronda de preguntas, y la gran mayoría eran preguntas comunes. ¿Cuál es tu lugar favorito? ¿Cuál es tu libro, película o actor favorito?.  Las personas respondían de acuerdo con sus gustos. Hasta ahí… normal. Luego llegó mi turno.  Ok, so….  Why  animals eat with the tail? Silencio absoluto en el salón; unos porque se les hacía extraña la pregunta  y otros porque tal vez no la entendieron.  Incluso el profesor no entendía la pregunta a pesar de haber practicado la correcta pronunciación y coherencia, para que todos la entendieran; y ni así. Una vez más: Why animals eat with the tail? ¿Nadie sabe? Todos callados. Pues aquí va la explicación:  Animals eat with the tail because they don’t take off it to eat. – Los animales comen con la cola porque ni modo que se la quiten para comer. Cuando respondí la pregunta el único que se río del chiste fui yo. De resto, todos mudos, atónitos. Tuve que hacer una mímica del chiste y ni así; el único que lo entendió después de varias explicaciones fue el profesor. Al final desistí y les dije; ok, no worries, forget it.

Definitivamente un chiste colombiano, no rima ni con los chinos, indios o australianos.

Las clases de inglés son como la mayoría de clases de inglés en el mundo; la ventaja con las clases en Colombia es que aquí no está uno tres horas estudiando inglés para salir a hablar español con el vecino de la tienda; aquí en lo posible se habla inglés todo el tiempo en la escuela. Debo confesar que vivo con mi amigo Juan Camilo y el inglés no es que fluya en nuestras conversaciones cotidianas, pues aunque él lo habla mucho mejor, rara vez tenemos conversaciones en inglés, lo que considero un grave error, pero poco a poco me voy esforzando en dominar la lengua; por ejemplo, ya puedo ir al baño sin intérprete.

Los grupos de las clases son pequeños y cada lunes se van unos estudiantes y llegan otros. Yo definiría este sistema como un carrusel de caballitos de aquellos circos de pueblo, los cuales siempre están girando y girando, y unos suben y otros se bajan. Por esta razón es imposible tener un grupo de estudio o compañero de conversación permanente, debido a que va uno entrando en confianza, y a la semana desaparecen las personas y llegan nuevos estudiantes.

El sistema tiene coincidencias con las clases que tomé en Colombia. Llega un profesor saca un librito y nos pone a desarrollar una actividad; a veces solos o en grupo, dependiendo de la complejidad del ejercicio. Luego nos pone a comparar con nuestros compañeros, y por último corregimos en grupos felices y contentos. De haber sabido que era así me hubiera traído el famoso libro“El mío CID” que nos puso a leer Luz Carmen en la clase de lecturas selectas; le saco un par de fotocopias  a algunos fragmentos, pongo a leer en español a algunos australianos y les cobro por eso.

En realidad al final del día las clases se tornan algo cansonas pues varias horas de ejercicios disminuyen el ánimo de estudiar, pero en fin, el inglés con sangre entra.

Un día, Andy, quien parece ser el coordinador de estudiantes de la escuela me propuso que si me gustaría meterme en un curso de preparación para el examen del IELTS; yo acepté, y él me dijo que me esperaba un martes a las 2:00 p.m. para realizar la prueba de ingreso. Como mis habilidades para el listening aún no son las mejores, le entendí que era el jueves que había que presentarse, y muy songo sorongo ese martes estaba en la cafetería de la escuela con Juan Camilo y llegó el hombre medio estresado y me dijo que el examen había comenzado hace 10 minutos , que si me iba a quedar aquí sentado. Yo le dije “Yes”, pues entendí el 37,62% de lo que me dijo, pero como relacioné algunas palabras entendí que si iba a presentar el test para el curso del IELTS. El hombre salió algo molesto y cuando Juanito me tradujo la parte que no entendí, sólo atiné a decir OMH – Oh my God.

Salí a disculparme y le dije al hombre que no había entendido mucho; En realidad aquí si uno no entiende algo, no sé si por pena, nos cuesta pedir que nos repitan lo que dijeron; simplemente sonreímos, simulando que entendimos y adivinando la verdadera información con las pocas pistas que retuvimos.

Presenté ese examen para el curso del IELTS y pareciera que hubiera tomado el equivocado, pues sentí que todo estaba en mandarín o en árabe; qué examen tan complicado.  Incluso la profesora nos dijo que hubo partes que ni ella alcanzó a captar en el listening ¡Y eso que ella es nativa!

En fin, por lo menos obtuve el puntaje mínimo para entrar al curso de preparación para el IETLS y al siguiente lunes ya estaba sentadito con mi grupo de estudiantes. Lo único cansón es el horario pues entro a las 10:45 a.m. y salgo a las 4:30 p.m., así me parten el día y es complicado  conseguir un trabajito bueno con un horario así. En algunos sitios piden tiempo completo o a partir de medio día; es decir, me mordió el marrano.

Lo bueno de las clases es que somos un grupo pequeño;  unas doce personas. Conmigo hay varios chinos, un brasileño, dos coreanos, una terca – perdón- una turca, un tailandés y otro colombiano.  En este curso tenemos varios profesores y, como todo en la vida, hay buenos y malos. Nuestra tutora general es Mary, una señora grande y muy buena gente;  el profesor de Speaking es Mase un americano grande también, quien hace una clase muy buena; rompe los protocolos de clase, rompe algunas reglas y nos pone en situación. Además parece que estudió actuación pues crea algunas escenas e imita personajes. Muy buen profesor y se le aprende bastante. Los otros, aunque no son malos, algunos son ya veteranos y se apegan a lo que dice el libro… mmm  ¿a quiénes me recordarán?

En ocasiones estos profesores nos ponen a corregirnos entre nosotros, entonces por ejemplo me ubican en frente de Grace, una china, Grace es el nombre occidental pues el chino es una tortura china pronunciarlo; ella me habla y yo debo decirle qué errores tiene. What??? . Aparte de que los acentos orientales y los occidentales son muy diferentes, vaya uno a saber qué dijo mal. Cuando ella habla yo simplemente asiento con la cabeza. Yes, yes, ok, good, thanks..etc…. al final le digo algo como “Lo hiciste bien” así haya tenido muchos errores que ni idea cuáles fueron. Asumo que así nos pasara a todos, pues en general estamos como en mismo nivel de inglés en el curso.

En ocasiones los días viernes la escuela organiza algunas excursiones a sitios turísticos o de entretenimiento en la ciudad;  El objetivo de esto es integrarnos y hablar inglés en diferentes situaciones de la vida diaria. Lo curioso es que cuando salimos de la escuela se arman los grupos por nacionalidades y se habla de todo menos inglés; Ja! Turcos con turcos; españoles con españoles; chinos con chinos, y así. Son varias rutas a la vez y nos vamos para el paradero del bus a esperar nuestro transporte. A veces hay hasta 50 personas esperando el mismo bus. Lo único es que aquí  el conductor no grita “Los de la mitad, córranse patrasito que allá hay espacio, colabórenme ahí”, no. Aquí estos buses, algunos de igual forma que los de Transmilenio en Bogotá, tienen un límite de pasajeros que pueden ir de pie, y cuando se cumple éste el conductor cierra la puerta, y se debe esperar el siguiente bus.

Entonces nos fuimos de paseo…

Pdta: El chiste de las gallinas termina en “porque los gallos no tienen manos”

lunes, 27 de octubre de 2008

Superando mi primera gripa internacional..


Antes de comenzar quiero disculparme por mi tardanza en continuar con estas crónicas de la vida en Australia.

Aduzco varias razones:La más importante es que esto está muy duro, muy complicado, mejor dicho ya estoy que me devuelvo para mi tierra del alma… uyyyyyyyyyy, qué? Se la creyeron pues? Ja!.

No. En realidad, fui asaltado en mi humilde persona por un atracador disfrazado de viento helado que con dos ráfagas de aire casi congelado penetró mis pulmones y me mandó a la cama. –Léase: “me dio una gripa que me volvió m….”.

Aquí nada que logramos entender el clima, pues aunque los pronósticos del Max Henríquez australiano son acertados muchas veces, se puede pasar del calor más absurdo al viento helado más intenso. Así fue que esta gripilla internacional me tomó por sorpresa; pintaba un día soleado, calorcito rico etc., pero de repente pasamos del sol a una lluvia cansona, con ventarrones helados y pues uno que andaba humildemente en camisetica playera…Con el ánimo de ahorrar algunos dólares en transporte decidimos comprar unas bicicletas; además para mantenernos en forma pues llega el verano en diciembre y no aguanta mucho ir a asolear la panza de cervecero al lado de los surfistas australianos.

La escuela queda cerca a donde vivimos y como apenas reconocemos una pequeña parte de Sydney, las compramos. Estuvimos buscando por varios sitios, desde aquellos especializados, donde una buena bicicletica puede costar 4000 AUD – con eso me compro tres motos AKT y me cambia la vida, incluso me sobra para el chaleco y el casco -, hasta compraventas donde se ven unas viejeras de bicicletas hasta en 20 AUD.

Encontramos una buena oferta en un almacén llamado K-mart; allí costaban 300 AUD normalmente, pero en promoción las dejaban en 200 cada una. Listo, compramos casco pues aquí es obligatorio usarlo, aunque muchos le maman gallo a la medida; cadena para el seguro porque una ventaja es que aquí se puede dejar la bicicleta parqueada en cualquier parte; la policía no molesta para nada con eso. Se pueden dejar bicicletas en postes, señales de tránsito, entre otras. Solo le pone la cadena y listo. He oído de algunos casos donde se las roban, pero afortunadamente no nos han inaugurado aún.

Lo curioso es que cuando quisimos tomar las bicicletas, nos dijeron que las que queríamos sólo estaban para exhibición; que si queríamos podíamos comprarlas desarmadas en sus respectivas cajas. Solicitamos que por favor nos las armaran, pues queríamos irnos de una vez “montados” y nos informaron que con mucho gusto nos podían armar las bicicletas por la módica suma de 16 AUD por cada una; pero lo peor de todo es que no las entregaban en ocho días!!!! ¿Cómo? ¿Ocho días para armar una bicicleta? Sí señores.

La urgencia ameritaba tener esas bicicletas armadas y funcionando. No quedó otra que sumar un juego de herramientas a la compra. Una vez con las cajas – por cierto algo grandes – caminamos por el centro comercial donde estaba ubicado el almacén, hacia el frente de una de las salidas, desempacamos las bicicletas, dimos una leidita rápida al manual de ensamble y a armar se dijo. Parecíamos un puestico de la ciclovía donde los domingos se arreglan bicicletas.
Algunas personas nos miraban con asombro pues para muchos aquí es extraño –incluso creo que nos consideraron héroes nacionales- armar una bicicleta por nuestros propios medios. Tardamos unos 20 minutos armando la primera, le dimos la respectiva vuelta de prueba, revisada de frenos, pito y listo; ensamblada.

Cuando sacamos la segunda para armarla, nos percatamos de que era diferente de la primera y que era MUCHO MEJOR!, pues la armamos igual y luego fuimos a cambiar la otra. En el almacén nos la recibieron sin problema, a lo mejor por entregarla armada. Nos dieron la que queríamos y a armar nuevamente otra bicicleta. Una hora más tarde teníamos nuestros automóviles de motor humano rodando por la calles de Sydney.

Al comienzo muy despacito mirando para todo lado, y tratando de adivinar cuál es el camino por tomar, pues aquí todo es regulado y muchas veces hay caminos demarcados, aunque finalmente descubrimos que con bicicleta se puede ir casi por todas partes, incluso sobre andenes en medio de una multitud de transeúntes o por las carreteras, pues los conductores respetan mucho a los ciclistas; claro, se cuidan; vaya mándele el carro a un ciclista y verá la demanda que se gana.

Los primeros días, el estado físico para montar bicicleta es nulo, tiene más fuerza un zancudo con diarrea; sumado a que lo que conocemos de Sydney son calles de sube y baja; pero un par de días después el ritmo mejora y la resistencia crece.

Con bicicleta nueva llegamos a la casita. Se me olvidaba contarles que ya tenemos techito luego de varios infortunios en la búsqueda de la misma. Para evitar conocer a otra “AMANDA” buscamos por internet y llegamos a una agencia que renta cuartos en residencias; allí fuimos y una escocesa de nombre Jennifer y de hermosura perfecta nos llevó a ver la habitación. Es un cuarto pequeño, pero muy cómodo y amoblado. Tiene dos camas, televisor, VHS, DVD, un sofá grande, lavaplatos, mueble para la ropa, armario y una nevera. La casa tiene una cocina grande, baños, una sala de televisión, comedor, patio, zona de lavado. Todo por la módica suma de 175 AUD la semana, aunque para rentarla tuvimos que dejar un depósito de 1000 AUD.

El día de la firma del contrato pasé la tarjeta de crédito cruzando los dedos para que pasará y ¡upss! me rechazó la transacción – aclaro que tenía fondos –. Intenté un par de veces y nada. ¿Y ahora qué hacemos? Debíamos 1000 AUD de depósito, teníamos maletas listas, estábamos en la agencia y la tarjeta no pasaba!!! Dios!!! Pues ni modo, a dormir debajo del famoso puente Harbour Bridge. Como último recurso la señora que nos atendió nos dijo que podíamos dejar los pasaportes como garantía –llámese la prenda de donde mi amigo Peña- y pagar sólo 500 AUD de depósito; aceptamos.

En estos países es ilegal que a las personas les retengan el pasaporte, pero en este caso fue una ayuda voluntaria. Sacamos lo que teníamos a la mano y nos sumaba como 497 AUD; no había forma de pedir rebaja y aquí hemos comprobado que uno pide rebaja y muchos se empu!!!. Faltaban 3 dolaretes. Juanito recordó que tenía algo en la cuenta y afortunadamente pudimos cubrir la cuota. Uffff!!

El costo de la habitación incluye servicios, e internet inalámbrico. Como valor agregado tienen una videoteca, lo malo es que la película más reciente es la primera versión de Terminator. La casa anteriormente era un hotel y lo acomodaron para rentar habitaciones a viajeros temporales y demás; somos los únicos hispanohablantes pues en su mayoría son británicos. Esta es una buena oportunidad para improvisar y mejorar el inglés. You know!!!!!

Para llegar a la casa tocó tomar taxi. No había otra opción pues íbamos bastante cargados. Paramos uno y el conductor muy campante nos ve con tremendas maletas y se queda tranquilito en su asiento, fumando un cigarrillo esperando a que subamos. ¡Cuidado ayuda mijo! Como pudimos trepamos esas maletas y nos embarcamos. Llegamos en 15 minutos y pagamos 20 dolaretes por la carrera. Y de malas con la propina pues ni ayudó a bajar las maletas.

Logramos instalarnos y descansar. Al rato nos tocan a la puerta; son dos irlandeses que nos invitan a jugar futbol. Vamos a un gran parque que tenemos frente a la casa. Aunque sólo éramos unos siete gatos jugamos algo parecido al famoso “metegol tapa”, pero no sé qué versión era si la asiática o la europea porque nunca la entendí, aquí el que metía el gol no ganaba, perdía; y había que meter varios goles para poder tapar, en fin, bastante extraño.

Luego del encuentro, tomamos una ducha, conocimos el resto de la casa y a descansar. Revisamos en internet a cuánto nos quedaba la escuela, escogimos la ruta para tomar al otro día y a dormir.

En la mañana de ese lunes estaba listo. Bañadito, algo de perfume, mi maletica, mi tarrito con agua; casco bien sujetado; revisada de frenos; y ahora sí: A ESTUDIAR…

martes, 14 de octubre de 2008

¿ Y es que mi plata no vale, o qué?


Bueno hablemos de plata, así a ‘calzón quitao’ como decimos; uno sobre otro, moneda sobre moneda y contaditos los billetes.

Armar un viaje así vale su platica. Obviamente cuando se tiene un buen respaldo, como un crédito del banco “El hogar de papitos felices” pues el asunto es más sencillo. Cuando no, a trabajar como burritos para conseguir el nivel mínimo que se exige; tanto la Embajada Australiana como uno mismo al saber que viene para una economía fuerte, necesita un respaldo los primeros días.

Dependiendo de lo que uno venga a hacer por estas tierras Australianas, los costos varían. Hago la aclaración que no en todos los casos es lo mismo. Algunas tarifas son SM – Según el marrano – otras son en promoción, etc. Lo que escribo aquí no es lo único que se pueden conseguir. En mi caso, vine con un curso de inglés pago, una estadía de seis meses y unos bonos para descuentos en McDonald’s.
Asesorado por la agencia Student Visa http://www.stvisa.com/, cuyos representantes Juan Carlos Santos, Ana María Lagos y Gustavo Tijaro nos trataron my bien y nos brindaron la asesoría necesaria para el viaje. Debo agradecerles su gestión y la paciencia que me tuvieron mientras reunía la platica. Ellos se encargaron de la mayor parte de los trámites para venir aquí. Los gastos fueron en promedio así:

El paquete del curso de inglés: AUD $6327 (Un dólar australiano, a la fecha de hoy, está en promedio en 0,85 dólares americanos. El valor de este curso incluyó la inscripción a la escuela, el seguro para estudiantes y el curso como tal.

Trámites de visa: AUD$ 600 aprox. Esto incluye los derechos de visa y el envío de los documentos a la Embajada de Australia en Santiago de Chile. En Bogotá no hay embajada, así que si le sale algún avivato con eso, no se quede callado, DENUNCIE.

Exámenes médicos: AUD $130 para personas que tienen un estado de vida normal; es decir aquellas que no han hecho cositas varias con su cuerpecito, y que no van a estar más de seis meses en Australia. Para aquellas personas que les gusta la vida alegre, picar por aquí y por allá, y en especial aquellas que se tatúan los números del Baloto en el pecho para ver si se lo ganan, las seguidoras de Marbelle que tienen una rosita en el escote; o uno que otro emo que le dio por perforarse los cueritos porque sentía que el mundo lo ignoraba, para ellos hay más exámenes que incluyen la prueba del VIH, y pues eso vale más platica.

Tiquete en avión: AUD $3000. En realidad es barato. Un tiquete desde Bogotá normalmente oscila entre AUD 4000 y 10.000. Me han dicho que la mejor opción es irse por Estados Unidos, pues hay más compañías y vuelos; sin embargo, quienes no tenemos permiso del Tío Sam para ir a visitarlo, viajamos por Chile o Argentina. No hay vuelos directos. Esperemos que un futuro hasta Satena o Aires vuelen por allá, pero hay que esperar. El precio de este tiquete fue en Aerolíneas Argentinas, que creo es de lo más económico para viajar, aunque eso no significa que sea malo. Sé que esta Aerolínea tiene mala fama por un paro de pilotos que hubo, pero a mí me pareció buen servicio.

Bueno, mal contados aquí solo se han ido AUD 10.000. Sin embargo, la embajada Australiana exige algunos requisitos económicos para otorgar la visa. Básicamente, lo que ellos buscan es que uno tenga como sostenerse o un padrino que lo respalde en caso de que se le acaben las monedas y no le quede ni para un bon-ice aquí.

Ellos piden un promedio de AUD 1000 por cada mes que los viajeros estén en Australia; es decir, si se va quedar seis meses, debe presentar usted o su sponsor AUD 6000 disponibles. La embajada exige documentos que muestren que sus soportes tienen ese dinero disponible. Si uno no tiene crédito en los bancos “El hogar de papitos felices”, “Papi consígname la mesada” o “Mijita ¿cuánto necesita?” puede recurrir a una persona, no necesariamente un familiar que lo respalde. – Gracias Sergio nuevamente; ¿si ve que no lo han llamado de la embajada a darle quejas mías o porque renté un carro y lo mandé a un abismo? – Si esta persona demuestra esos ingresos, es muy factible que le den la visa. Sirven también soportes como escrituras de bienes, de autos, y si tiene una platica en DMG mmm… ahhh no, verdad que allá no dan recibos.
Mal contados en total, y aún si salir de la tierrita de mi Colombia, hay que tener disponibles unos 30 millones. Esto para un viaje de seis meses. Sé que hay personas a las que les piden más o a las que les piden menos.

Por otro lado, si puede tráigase una platica para acá; por lo menos para un mes. A menos de que se baje del avión y lo reciban listo para firmar contrato con una empresa. Como muchos de los que viajamos no tenemos cuenta de ahorros en los bancos anteriormente mencionados, es bueno darle un martillazo al marranito de la alcancía, contar todas esas moneditas y billetes, cambiarlos a dólares y traerlos. Eso sirve, pesito es pesito. Bueno 1770 pesitos – a la fecha- son un dólar australiano, y por aquí también consigue almacenes de “One dollar”; yo me compré un cortaúñas, y en una oferta en un supermercado conseguí cuatro alitas de pollo precocidas también en ‘One dollar’

Como el viaje desde Suramérica es bien largo – aproximadamente 25 horas en aviones- vaya haciéndose la idea de pensar en dólares. Imagine comprando en dólares los huevos para el desayuno, el periódico, el vibromax power para eliminar la barriga, la tarjeta prepago para el teléfono o la cerveza. Un ejercicio interesante es soñar que va por chapinero, mira las vitrinas del almacén ONLY, las gatas, la feria del brassier y sólo cucos, o incluso por la pajarera en San Victorio, y ve que todos los precios están en dólares. ¿Fácil, verdad? Bueno, no. Pero hay que intentarlo porque el porrazo es duro cuando pise tierras australianas.

Tenga en cuenta que venimos de una economía donde el ingreso percápita promedio es de US$ 7.600 a una donde éste es de US$ 35.000, según datos de wikipedia. Sólo tome un taxi en el aeropuerto para ir a donde quiera y el banderazo no le bajará de $15 AUD; o si quiere tomar el metro, desde el aeropuerto la tarifa es de $14 AUD.

Como dice el comercial de Movistar: Compareeeeeeeeeeeemos.

Botella de agua 3 dólares.
Cocacola mediana 3 dólares
Tiquete en metro: Depende a donde vaya, comienzan los precios en 2.60 dólares sólo ida.
Corrientazo: Bueno aquí no se ven mucho. Desde 9 dólares. Claro que si anda pobre vaya a McDonalds, allá es barato.
Tiquete en bus: sólo he tomado uno, y por ida y regreso apenas me costó casi $8 AUD.
Aunque tengo entendido que venden un tiquete semanal, que le permite tomar los metros, buses y ferris que quiera. Este cuesta $38 AUD por semana.
Heladitos: Desde $3 AUD bueno hay una versión parecida al Bonice desde $1 AUD., y pásalo de locura.
Nescafé de 250 gramos: $18 AUD
Cuatro bananitos: $ 3,75 AUD.
Control para tratamiento de ortodoncia: $200 AUD por mes; en Bogotá pagaba apenas $30.000 pesitos
Audi R8: De $378.000 AUD para arriba.
Lamborghini Murciélago : De $600.000 AUD para arriba.

En fin, podría sacar más precios pero es lo que se me viene a la mente por el momento. Ya con calma he comenzado a identificar sitios donde se consiguen cosas a buenos precios, incluido el barrio chino. Obviamente debo aclarar que siempre el cerebro nos juega malas pasadas y todo lo convertimos a pesos; sin embargo, este efecto suele pasar cuando se consigue trabajo y uno recibe su primer pago.

Aquí creo que la tarifa como estudiante para trabajo comienza en $15,75 AUD por hora de trabajo. Haciendo cuentas si se trabajan las 20 horas por semana que permite el Gobierno Australiano, éstas suman unos $320 AUD a la semana, lo que permite nivelar economías. Y de ahí para arriba lo que venga, pues hay trabajos bien pagos, y en fines de semana puede uno ganar hasta $100 AUD por hora.

Por aquí también se han sentido los coletazos del colapso financiero mundial que ha habido. El dólar australiano ha cedido algo de terreno frente al americano y bueno eso desinfla algunas expectativas.

Por ahora, a rebuscarse los dolaritos. Hemos tocado algunas puertas: Any toilet to clean?
Continuará…