jueves, 15 de octubre de 2009

Reflexiones de aniversario...


He cumplido un año y algunos días más en Australia. A través de este tiempo he vivido cosas demasiado buenas, buenas, regulares, malas y demasiado malas. De todas he aprendido y de las que vienen aprenderé más.

Hace poco una lectora de este blog me sugería algo: Regrésate. No eres feliz aquí. En Colombia hay muchas cosas para hacer. Yo le pregunto ¿Qué es ser feliz?. ¿Difícil responder, cierto?. Para mí la felicidad tiene muchas facetas y en Australia soy feliz en unas cosas y en otras no; como en la vida misma, sólo que como seres humanos a veces nos sentimos intimidados cuando decimos que no somos felices en algunos aspectos, pues algunos nos llamarán personas pesimistas, amargadas, etc.

Para unos la felicidad es tener un pasaporte Australiano, o por lo menos la (PR, Permanent Resident). Y para llegar a esto hay que trabajar duro, pero extremadamente duro. Cuando muchos la obtienen son felices. Para otros, ser felices es simplemente el hecho de estar aquí. Algunos otros son felices hablando inglés, otros hablando mierda; para algunos es tener sexo con australianas o australianos. La felicidad para otros es estar casado con el amor de su vida, tener hijos y un perro llamado Tony.

Otras personas son felices haciendo infelices a los demás. Algunos son felices teniendo un Ferrari; Otros, una bicicleta. Hay gente millonaria y feliz; hay gente pobre y feliz. Entonces, para mí la felicidad incluye cuatro vocales, cinco consonantes y miles de opciones. Simplemente yo escojo qué me hace feliz, y qué no.

En Australia he sido feliz en muchas cosas. Por ejemplo, me gusta compartir con los pocos amigos que tengo. Los cuento con los dedos de las manos y me sobran. Extrañamente a ninguno de ellos los conocí en Colombia.

Los amigos que conocí en Colombia han tomado nuevos rumbos y sus vidas son diferentes. Australia cambia a las personas. Esto no me hace feliz, pero me adapto a las circunstancias. Lo mejor para ellos. Aprendiendo inglés soy feliz, en especial cuando lo hago directamente en la universidad de la vida, en la calle, con los aussies, con otros inmigrantes. En mi trabajo he aprendido bastante. Hay personas que son muy buenas y cuando no entiendo me explican, o me hacen maromas para entender el significado. Otras, simplemente me miran pensando –pobre idiota-, allá ellas.

Soy feliz cuando hablo de Colombia o voy a algún evento que me recuerda mi país. Hace poco vino el Buque Gloria y fue un evento donde me sentí súper feliz. Allí estaba casi toda la tropa de colombianos residentes en Sydney. Los colores de Colombia estaban por todos lados. Camisetas, banderas, gorras, etc. Ver ese buque con una bandera gigantesca en la popa fue algo estupendo. Lo mejor fue cuando se entonó el himno nacional y todos los presentes cantaban con júbilo sus coros y estrofas. Fue maravilloso. Un espectáculo. Eso es algo que yo llamo identidad,nación, nacionalismo!!!!. Éramos todos uno solo, un país, una patria que sufre pero que no la olvidamos así estemos al otro lado. Una mancha de colores amarillo, azul y rojo cubría el terminal internacional de pasajeros. Aquí fui muy feliz.

Hablando un poco de identidad creo que en eso Colombia le da sopa y seco a Australia. ¿Por qué? Porque en Colombia nuestros padres, abuelos, tatarabuelos son en la gran mayoría de los casos nacidos en la misma tierra, criados con las mismas costumbres. Sufriendo por la misma selección (¿por tercera vez eliminados de un mundial?). Por diferentes causas – incluida la maldita guerra que nos consume y nos acaba- la inmigración a nuestro país es poca; Eso nos hace únicos. Sin embargo en Australia es diferente. Este país es lleno de inmigrantes de todos los rincones del mundo, quienes dejan sus respectivos países buscando mejores opciones, o buscando la verdadera felicidad como mencionaba anteriormente.

Obviamente quienes llegamos aquí venimos con un equipaje mental bastante pesado, que incluye (recuerdos, cultura, historia, ancestros, etc ) que si pudiera medirse o pesarse no cabría todo ni en un Airbus A380. Cuando llegamos a este país, nos identificamos más fácil con quienes tienen ese mismo equipaje, quienes hablan el mismo idioma, quienes recuerdan las mismas historias. Todos vamos formando pequeños grupos de identidades de nuestro país en otro país. Y no me refiero sólo al caso colombiano, también están los chinos, indios, coreanos, turcos, griegos, chilenos, peruanos, iraníes, ecuatorianos, japoneses, árabes, musulmanes, argentinos, brasileros, indonesios, vietnamitas, camboyanos, tailandeses, y muchos más. Simplemente tome un par de cada país y multiplique por miles.

Todos estamos en Australia. Entonces cada uno de estos personajes transmite su cultura a sus generaciones. Aquí vemos niños que van a la escuela con el inglés como idioma oficial, pero en casa hablan el idioma familiar. Nuestros hijos dominarán el inglés más rápido y mucho mejor, incluso algunos hijos corrigen a sus padres. En la escuela aprenden a jugar rugby, pero en la casa ven partidos de fútbol.

Así es con todo. Entonces me atrevería a decir que Australia tiene miles de pequeñas identidades, pero la falta tiempo para tener una gran identidad. Y esto sólo se dará con el paso de los años, y no hablo de diez años, creo que para cuando pase no estaré vivo. De hecho, en alguna clase de inglés de hace tiempo un profesor australiano nos hablaba del tema. Él nos decía que para que uno de nuestros descendientes sea 100% australiano, deberán pasar al menos unas tres generaciones. No sé cómo será en otros países a donde llegan miles de inmigrantes, pero pensaría que en algo se parecen las historias.

Me hace feliz el transporte público. Podrá sonar tonto pero me puedo gastar horas viendo los trenes pasar. Aquí el transporte público es tan perfecto – no faltan los inconvenientes en algunos casos-, pero en general es muy bueno. Un día leí en un periódico que algunas personas criticaban el mal funcionamiento de los trenes y yo decía – como para llevarlos en un paseíto en bus por la 30 a las siete de la noche en Bogotá- ¿Ven?, nadie es totalmente feliz.

No me hace feliz ver cómo muchos de nosotros nos traemos las mañas de nuestros países. Aquí la envidia, el engaño, la mala leche entre los latinos se ve en muchos casos. Por ejemplo, en el trabajo, si tiene un jefe latino siempre buscará robarlo, pagarle menos, explotarlo, mamarle gallo con el pago. Debo aclarar que no es en todos los casos, pero en muchos de ellos es así.

Y a ellos les pregunto: Si llegaron a Australia en la época en el que trabajo sobraba, el dinero era abundante y tenían buenas oportunidades. Si pudieron establecerse gracias a la oportunidad que Australia les dio, ¿por qué son tan miserables con su propia gente? O es que ustedes llegaron con el inglés perfecto, y no tuvieron que limpiar oficinas y baños? Al menos paguen lo justo y mínimo que se debe ganar una persona que trabaja para ustedes. ¡¡¡ No sean tan descarados!!! Esto sí que no me hace feliz; es más, me emputa muchísimo. De este tema tengo una crónica ya casi a punto de terminar.

Mi trabajo no me hace feliz, en especial cuando llueve y los ventarrones me hielan hasta los pelos de por allá. Sin embargo, esto no significa que lo haga de mala gana. Afortunadamente mi jefe es australiano; es más, en la tienda en la que trabajo, los dueños son una familia y todos me aprecian. Hago un buen trabajo y aplico algunos de mis conocimientos en lograr que la tienda sea más organizada, y por ende las ventas aumenten.

Un par de veces me he quedado dormido y me jefe debió llamar a levantarme. –Lui, ¿dónde estás?. En una de esas madrugadas me preguntó: Lui – el hombre no puede pronunciar la letra ese- ¿estás aburrido en el trabajo, eres feliz?. Jefe – respondí- para ser sincero no es mi trabajo ideal, quisiera hacer más cosas, pero soy agradecido con usted por darme trabajo. ¿Ha tenido alguna queja mía? – le pregunté- . Me dijo, no. En realidad eres un buen empleado. Simplemente me da susto que un día no llegues y me dejes tirado el trabajo. Eso nunca jefe. –afirmé.
No me hace feliz que una australiana me diga no, pero me hace feliz que una asiática o latina me diga sí. Vodafone me hizo feliz por un tiempo, ahora me hace feliz 3. Fui feliz en Dulwich Hill, pero ahora soy más feliz de regreso a la city.

Hablando un poco de agradecimiento, cierto día tomándome una cerveza con una amiga, ella me replicaba. Luchito: tú lo que tienes que estar es agradecido por estar aquí, porque este país te dio la oportunidad de entrar. Aquí debo decir que ella tenía razón y no tenía razón.
Sí, claro obviamente gracias a que inmigración me dio una visa estoy aquí. Gracias al Gobierno y sus leyes puedo estudiar y trabajar legalmente, ganar dinero y poder vivir. Por eso doy gracias.

Sin embargo, creo que como yo hay millones de inmigrantes, no sólo en Australia sino en otros países del primer mundo, que llegamos a aportar a esos países, a ayudarlos a seguir construyéndose. Yo no estoy en Australia viviendo de gorra de lo que el gobierno me quiera dar. Yo tuve que pagar por todo esto, y gran parte de ese dinero se fue para la economía australiana. Yo tengo un trabajo aquí, del cual me deducen impuestos, que también gran parte van para la economía australiana. Es más, podrá sonar estúpido, pero gracias a mí, un australiano lee cómodamente su periódico todos los días cuando desayuna. Y si no soy yo, otro inmigrante lo hará. Gracias a nosotros, muchos ciudadanos australianos llegan a trabajar y sus oficinas están limpias, los baños relucientes y su ropa lavada. Los taxistas son inmigrantes, los conductores de bus, en su mayoría, son inmigrantes; así como quienes manejan los trenes. Gracias a ellos, la ciudad se mueve, la economía se mueve, las personas llegan a tiempo a sus citas y el país avanza.

Detrás de todo eso están los inmigrantes, quienes por las razones que sean – en muchos casos porque no había opción- dejaron su tierra, sus amigos, sus familias, su gato y vinieron aquí gracias a esa oportunidad que les dieron. Pero ahora ellos construyen casas, carreteras, se matan buscando salir adelante en este país, con sus ideas, con su empuje y haciendo los trabajos que los australianos ya no hacen. ¿Entonces quién debe dar gracias? Obviamente no faltan las ratas de dos patas que vienen a delinquir. Y por ratas así es que nos catalogan de bandidos, ladrones o narcotraficantes; pero son pocos.

Australia y los demás países les deben mucho a los inmigrantes. De hecho, creo que todos fuimos inmigrantes alguna vez.

Retomando el tema inicial de esta crónica, pregunto: Y a usted, ¿qué lo hace feliz?

A la conquista!!!

lunes, 17 de agosto de 2009

Se arrienda pieza para persona decente, preferiblemente que trabaje…


Hace unos días cambié de casa. Pasé de vivir en la “City” a un suburbio llamado Dulwich Hill.

La City es como el centro de negocios de Sydney. En este sector se encuentran reunidos varios agentes comerciales, universidades, casi todas las escuelas de inglés, cinemas, bares y los más representativos sitios turísticos de Sydney. En la City hay mucha gente, siempre vive congestionada de carros y de personas, pero es un ambiente interesante. Cuando uno está sin plan, puede salir a caminar por esta zona. Ya luego de la City vienen los suburbios, que son sitios más tranquilos, con menos gente, pero en algunos casos muy lejos y sin muchos sitios cerca.
Conseguir un lugar cómodo para vivir es complicado y se debe ser paciente pues aunque las opciones son muchas en habitaciones compartidas, ya depende de qué y qué no le gusta a uno a la hora de vivir con otros.

Antes de que se me olvide quiero hacer una advertencia. Hay algunas personas inescrupulosas -léase hampones hijos de puta– que roban por internet a las personas que buscan vivienda antes de llegar aquí. En la red existen varios sitios donde usted puede ver apartamentos, cuartos compartidos, casas de familia y demás opciones para llegar a Australia con vivienda fija. Algunos son www.domain.com.au, www.gumtree.com.au, y http://www.share-accommodation.net/, entre otros.

Pues resulta que estas ratas de mala muerte andan rondando por estos sitios, entonces a través de falsos correos electrónicos, muy amables por cierto, engatusan a la gente. Como las personas que visitan estos sitios para buscar apartamento en ocasiones se registran, allí es cuando son contactados por los bandidos.
Ellos le envían un correo más o menos así:

“Hola, ¿cómo estás? Mi nombre es Sutanita la morronga y vi que estás buscando un apartamento en Australia; pues imagínate que precisamente yo tengo uno disponible para cuando viajes. Te adjunto las fotos. (En las fotos se ve que es un apartamento más bonito y amoblado que cualquiera de Paris Hilton) Yo debo rentarlo pues por ahora debo viajar fuera de Sydney y necesito que alguien lo ocupe. El apartamento está completamente amoblado, incluye internet, TV por suscripción, piscina, gimnasio etc.”, Mejor dicho, le enciman hasta el gato.

Lo mejor de todo es que como “supuestamente” deben viajar urgente no exigen tantos requisitos a la hora de rentarlo. Lo traman a uno diciendo “Veo que eres una persona decente y tengo un presentimiento de que eres responsable y sabrás vivir bien ahí. Te adjunto el archivo con el documento de arrendamiento, mi pasaporte y demás datos que necesitas. Necesito que lo firmes, y me adjuntes una copia de tu pasaporte. Por el precio no te preocupes, dos semanas de depósito y dos semanas pagas por adelantado”.
Mejor dicho la ganga es como para morderse el codo de la emoción. Uno salta de alegría al saber que ya tiene a donde llegar a Australia y lo mejor de todo, en apartamento propio. ¿Cierto Juanito?

De inmediato responde uno el correo.

“Hola Sutanita la morronga, me encanta tu propuesta, ¿qué debo hacer?”
Estos malditos juran ser gente seria, entonces envían los documentos para justificar la legalidad de la operación; allí uno firma, corre para que sea el primero al que le den el apartamento. Cuando todo está listo, la gente se pregunta: ¿y cómo pago? Entonces ellos simplemente le dicen:

“Mira si quieres puedes hacerme un giro a Londres a nombre de Sutanita la morronga. ¿Mmm… Londres? ¿Luego no estás en Sydney?. No, tuve que viajar de urgencia como te conté. Pero apenas me gires y yo confirme, te mando por correo certificado las llaves a Sydney. Simplemente las recoges y llegas a vivir a mi apartamento”.
Lo demás los dejo a su imaginación…

Hay algunas personas que giran la plata.

Uyy echeverry como que me tumbaron!!!!


NUNCA HAGAN DESDE COLOMBIA O SUS RESPECTIVOS PAISES GIROS DE DINERO A PERSONAS DESCONOCIDAS PARA RENTAR VIVIENDA EN SYDNEY O EN OTRAS CIUDADES DE AUSTRALIA. EN EL 99.9876% DE LOS CASOS ES UN FRAUDE Y LA PLATICA QUE LE ROBAN ES BASTANTE.

Lo que yo recomiendo es llegar a donde un familiar, amigo, tío, sobrino, machuque, arrunche, amante o lo que sea, por lo menos por uno o dos días. Una vez aquí, va, conoce, escoge y si le gusta lo renta. En caso de que ya no tenga dónde llegar, asesórese de una agencia en Bogotá, o de alguien aquí - es más, pregúnteme si quiere – pero evite que lo roben.

La advertencia está hecha. Seguimos…

Una de las preocupaciones de todos los nuevones que venimos a Australia es el tema de la vivienda. Opciones hay según gustos y presupuestos. Desglosaré algunas de ellas aquí.

La primera de todas y la más segura en términos de comodidad, eficiencia y lugar fijo es llegar a un “home stay”. En la casi todos los casos son casas de familia que para tener un ingreso extra reciben a uno o varios estudiantes extranjeros. Es la primera opción que le ofrecen las agencias en nuestros respectivos países pues además de las comodidades que ofrece tienen un margen de ganancia alto. De lo que puedo destacar, según testimonios de personas que han optado por esta alternativa, es que usted es un miembro más de una familia. Tiene su cuarto privado amoblado, baño privado, ambiente familiar – atendido por su propietario-. Incluso tiene rollo de papel higiénico privado. Aquí usted vive en una casa, y comparte en familia. También todo el tiempo habla inglés, lo cual es una gran ventaja, pues los propietarios son familias clásicas australianas. Así comienza a mejorar más rápido el idioma. Si usted logra entenderse muy bien con la familia puede llegar a ser uno más de ellos, entonces las aventuras no demorarán en llegar: salidas, paseos, vacaciones etc; y eso ayuda también cuando el demonio de la soledad ataca y usted no tiene nada para hacer.

Las casas están ubicadas afuera de la City generalmente, en los suburbios y usted podría estar viviendo a 10 minutos en tren o bus de la City en el más cercano, o a una hora o más. Aquí entre más lejos viva es más barato, pero por lo general un home stay no le baja de 250 dólares la semana (a la fecha de hoy), con un depósito de entre dos y cuatro semanas por adelantado.

De las cosas que no son buenas en esta opción son, además del costo, saber con qué familia se va a encontrar. Es decir, si usted da con una familia que lo considera un “hijo” más, será algo estupendo, pues hablará mucho con ellos, compartirán tiempos y espacios. Incluso puede estar de buenas y conseguir trabajo en caso de que la familia tenga niños pequeños. Pues puede negociar cuidarlos o recogerlos en la escuela, entre otras cosas, y le pagan por eso.

Sin embargo, si no da con una familia interesante. Usted podría ser el gato de la casa. En este caso, usted tendría las comodidades que le mencioné, pero estaría totalmente aislado. La familia no lo integra, ni le pregunta, ni le habla, ni nada. Simplemente le rentan el cuarto y punto. Sí, eso pasa.

Para concluir, cada casa tiene unas reglas que hay que cumplir. Pero ya eso se negocia con sus propietarios. En algunos casos no tiene sus propias llaves, debe llegar a timbrar y la hora máxima de llegada es a las 10:00. ¿Y si tengo la rumbita? Pues te jodiste.

La segunda opción – que considero la más acertada- es vivir en apartamentos o casas compartidas. En los sitios web que mencioné al principio de esta crónica encuentra uno habitaciones de todos los colores, sabores, olores, distancias, precios y tamaños. Aquí una persona le renta un espacio en un apartamento y usted vivirá con varias personas más. De muchas nacionalidades, personalidades, extravagancias y demás.

Esta opción es más barata (comenzando en 80 dólares por semana más dos semanas de depósito). De lo bueno que destaco es que por lo general usted vive con personas de otros países, donde predomina el inglés en el ambiente casero. Si usted es socialmente activo (entiéndase rumbero a la lata) pues aquí puede salir a donde se le dé la gana y llegar a la hora que se le dé la gana. Aquí no hay reglas de llegada o de salida. En casi todos los casos usted tiene sus propias llaves. Los apartamentos están equipados con sala, comedor, habitaciones con camas (mínimo dos camas por cuarto, aunque hay casos en que meten dos camarotes por cuarto); televisión por cable, internet gratis (aunque con todo respeto el internet en Australia me parece una mierda). La cocina tiene todos los implementos para preparar comidas, horno microondas, nevera, calentador de agua, lavadora y secadora. En general, son apartamentos con todo. Además, muchos están ubicados en conjuntos residenciales con acceso a facilidades como gimnasio, piscina, parqueadero, jardines para hacer BBQ’s, entre otros.

Los requisitos para rentar no son nada complicados (plata y ya). Hay muchas opciones para escoger, incluso en las calles de Sydney, especialmente en la City, donde vea un poste, allí verá avisitos de personas que rentan o buscan roommate (compañero de cuarto).

Lo que no es bueno en esta opción es que en muchos casos la gente vive hacinada. –Sí, está bien, exageré con la palabra, pero en ocasiones uno se siente así.- Lo que pasa es que en Australia existe, además del “Cartel de los cleaners”, otro que he llamado “El cartel de los capataces”. Y es que a estos personajes, que son los que rentan un apartamento ante las oficinas de arrendamiento “Real States” para decir que van a vivir tres personas, y luego lo subarriendan para meter a 10 más. Entonces uno se encuentra casos en que apartamentos de dos cuartos, donde deberían vivir como máximo cuatro personas, están viviendo hasta diez personas. ¿Cómo? Cuatro personas en un cuarto, cuatro en otro y dos en la sala. Sí, estos casos pasan. Y he oído de peores, en especial apartamentos con inquilinos asiáticos. De hecho el Gobierno trata de regular esto, pero son más vivos los que rentan y cuando programan una visita de las autoridades del Gobierno a los apartamentos. Estos meten todo en un depósito y aparentan que solo viven ahí dos personas por cuarto y nadie en la sala. Una vez se van los inspectores, vuelven a acomodar todo y regresan a la cruda realidad.

Obviamente diez personas en un apartamento es un desorden muy hijuemadre. Comenzando porque lo que le gusta al uno, al otro no le gusta. Y por lo general las personas no tienen un espacio para ellas mismas. Si trajiste el osito de peluche con el que duermes todas las noches, deberás dejarlo en el garaje pues no hay cupo en el cuarto. Si usted es una persona tranquila, que no le gusta mucho el ruido, el desorden, entre otras cosas, esta opción no es para usted.

En muchos casos usted tiene que comprar su mercado y meterlo debajo del colchón, pues no falta el “ratón” de dos patas que le gusta merodear en la comida de los demás, o secarse luego de salir del baño con la toalla del otro, y ni hablar del vecino de cuarto que llegó borracho a las cinco de la mañana y le da por prender la luz, el televisor, etc. Y también hay casos en que el roomate se comió una sopa de buitre con cabeza y todo, que le cayó mal y dejó ese baño oliendo a… mejor dicho, como para lanzar un fosforito prendido, explota todo el edificio.

La mezcla de culturas que es súper interesante en muchos aspectos (Idiomas, ciudades, experiencias, historias de países), en otras no lo es tanto (mañas, drogas, borrachera, pecueca, fumadores, ronquidos, chucha y demás).

Aquí la tendencia es vivir con personas de su mismo país colombiano con colombiano, chileno con chileno, indio con indio, chino con chino, entre otros. Pues así ya uno medio se conoce, y si hay problemas, son un poco más fáciles de solucionar.
Otra opción que clasifica en el tema de compartir es vivir en casas compartidas. Es decir, hay un administrador que renta cuartos en una gran casa. Cada cuarto es privado, con su propia llave. Amoblado con todos los juguetes, y con zonas comunales. Algunos tienen baño o lavamanos propio. Lo demás se comparte: cocina, baños, zona de lavado, comedores y salas.

Yo viví en una de estas hasta hace un mes y tuve experiencias positivas y negativas. De lo positivo que destaco es que tenía cerca todo. Mi trabajo estaba a cinco minutos caminando y la escuela a diez minutos. Era en la City. En esta casa vivíamos varios extranjeros. Había colombianos, ingleses, irlandeses, alemanes e indios. Aquí tenía un cuarto grande para tres personas, entapetado y con balcón. Tenía dos camas, televisor, DVD y un par de armarios. La casa tenía internet gratis, comedor y en la cocina había implementos para preparar comidas.

Además de mi trabajo y la escuela cerca, tenía supermercados, zonas comerciales, rutas de transporte (un paradero de bus al frente de la casa) y otras zonas de fácil acceso.

De lo que me pareció no tan bueno de vivir aquí fueron varias cosas. Cuando uno vive en una casa compartida por ende debe “compartir” casi todo. Aunque soy hombre y a l lado de las mujeres nosotros somos un poco menos asquientos y más tolerantes, había situaciones que francamente desesperaban. Por ejemplo, teníamos de vecinos a una pareja de indios y esta gente se la paseaba peleando a cada rato. Creo que se insultaban en indi y se tiraban cosas; el escándalo era horrible. No respetaban que uno estuviera durmiendo, incluso había unos días en que se correteaban uno detrás de otro por la casa. La gritería era aburrida hasta que un día los paré y les dije que dejaran de gritar y hacer escándalos que ellos no vivían solos.

A los británicos e irlandeses les gustaba armar sus rumbas los fines de semana. Había uno de ellos que le gusta en especial darse en la cabeza a punta de marihuana, entonces el olor por toda la casa era bastante fastidioso. Y muchas veces al otro día uno encontraba el reguero de la fiesta por toda la casa. También en la cocina a veces las personas cocinan y no lavan sus utensilios y quienes queremos cocinar nos jodemos. Y ni hablar de las neveras, a veces aquí también se desaparecían las cosas. Por esta razón opté por rentar una nevera para el cuarto, comprar algunos utensilios de cocina e incluso tener internet propio.

Como sólo hay una lavadora y una secadora, pues los turnos para el lavado a veces son largos, y en ocasiones la ropa se extravía , en especial las medias o la ropa interior; Hay casos en que uno termina con ropa de otra persona en el cuarto, incluso me quedé con algunas medias sueltas pues las compañeras se me perdieron.

Ya al interior del cuarto vivía con una pareja de colombianos, con lo que aún sigo viviendo en la nueva casa. Con ellos tuve algunas discusiones menores, pero nada que no se pudiera solucionar. Afortunadamente nos hemos llevado bien y nos apoyamos en muchas cosas.

Otra opción final puede ser rentar un apartamento propio. Pero aquí en este país hay demasiado trámite pues en el 99.43% de los casos se hace a través de los agentes de bienes raíces “Real states”. Los dueños están tan ocupados en sus propias vidas, que dejan eso en manos de ellos. Los apartamentos tienen bastante demanda. Antes de llegar al que tenemos, nos postulamos a varios, pero ninguno resultó. Cuando íbamos a verlos, había varias personas detrás del mismo y así era con todos. De acuerdo con las agencias, el dueño es el que decide, según los documentos que presentan los posibles inquilinos. Aquí no se ven avisos en las ventanas de “SE ARRIENDA SIN INTERMEDIARIOS”. Salvo en casos de contactos, con el tío del amigo, del primo que tiene un apartamento y lo quiere ceder. Aquí los contactos son de gran ayuda, y gracias a uno de ellos estoy viviendo ahora aquí en este apartamento.

Como conclusión recomiendo antes de buscar apartamento o cuarto para compartir, hay que ir a verlo, conocer sus inquilinos, hacer todas las preguntas que se tengan, por simples que sean. Mirar si tiene facilidades de transporte – hay sitios a donde no llegan ni burros para transportar a las personas y la caminada es larga-. Examinar los alrededores del sitio, supermercados, restaurantes zonas comerciales entre otros. Personalmente viví varios meses en la city, y me pareció el lugar ideal. Sí, hay mucho ruido, estrés, mucha gente, comercio por todo lado; cuando hay rumbas unas calles se ponen muy pesadas. Pero Bogotá es algo parecida y así me crié. Ahora viviendo por fuera, la tranquilidad es mucho mayor,pero no se ven muchas personas, sólo algunos gatos en las madrugadas, y muchas cosas quedan lejos, por ejemplo algo clave como el supermercado.

Por otra parte cuando vivía en la City gastaba en mi trabajo en las madrugadas una hora y diez minutos como máximo. Ahora debo sumarle aproximadamente una hora y media más, por el transporte.

Aquí retomo algunas ideas de negociación que vi en una clase en la Universidad. En toda negociación se debe estar dispuesto a renunciar a algo para obtener otras cosas. Nadie obtiene todo lo que quiere. Y en este tema pasa eso, en cualquier lado donde uno viva tendrá algunas ventajas, pero también habrá desventajas.

A la conquista!!!

lunes, 20 de julio de 2009

Volando a nuevos rumbos...



Tengo visa hasta agosto de 2011. Es decir, dos años y puchito. Un tiempo corto para muchas cosas y largo en otras tantas. Obviamente, cuando en el pasaporte dice que tienes permiso de estancia hasta esa fecha, descanso un poquito. Por ahora no me preocuparé por visa por un buen tiempo, así como por el examen de inglés IELTS, pues ya tengo la nota que se pide (6.5) para ingresar a la Universidad. Una leve sonrisa sale de mi rostro.

Hace algunos días celebré mis 32 años. Era mi primer cumpleaños fuera de Colombia y quería hacer algo especial con la tropa de amigos que he conocido aquí. La actividad escogida fue realizar un BBQ, pues es algo que los australianos hacen para reunirse con sus amigos, departir un rato, tomar algunas cervezas y comer carne en cantidades alarmantes. Estos BBQ se hacen en la playa por lo general, en unos asadores que ya están instalados allí. El acceso a ellos es gratuito. Lo único que se debe hacer es recoger el “reguero” una vez se termina, y dejar todo limpio.

Pues bien, armé el evento por Facebook e invité a todas las personas que han tenido alguna cercanía conmigo; incluso invité simbólicamente a mis amigos en el país, para que hicieran presencia virtual al menos. Envié las invitaciones y listo. Sólo era cuestión de esperar. El día seleccionado había sido el domingo 14 de junio. Me aseguré de que mi cumpleaños cayera domingo para que las personas pudieran asistir, salvo aquellas que no tienen ni un domingo para descansar.

EL día había llegado. Con mi compañero de cuarto hicimos las compras respectivas: Aproximadamente 12.37 kilos de carne, entre canguro, cerdo, pollo y res. Papas en paquete, mantequilla, aceite, gaseosa; galletas para el postre y utensilios desechables de cocina: servilletas, cubiertos, etc.

El día había amanecido oscuro y se pronosticaba lluvia a la lata. Y todo esto sumando al frío pues parecía que iría a dañar la fiesta. Sin embargo, los ánimos estaban calientes entonces tomamos la ruta 377 rumbo a la playa de Maroubra.

Luego de 23 minutos de viaje llegamos. Lamentablemente el día había empeorado y las primeras gotas de lluvia se asomaban; y al mirar arriba, daba terror ver ese cielo tan oscuro. La playa estaba casi sola, apenas se distinguían dos familias haciendo BBQ y un par de atrevidos surfistas sumergidos entre las olas en medio de ese frío tan indescriptible.

Aún así conseguimos con Juan un BBQ disponible, ubicamos el mercado y nos sentamos a esperar. EL reloj marcaba aproximadamente las 12:58 p.m. El encuentro estaba programado para la una de la tarde, entonces era cuestión de segundos para que aparecieran los primeros invitados. Pasaron algunos minutos y no llegaban los invitados. Me dije – bueno, colombianos y latinos, siempre llegando retrasados. Esperemos otros minutos – Las gotas de lluvia comenzaron a caer más rápido. Mientras tanto hablaba con Juan para matar el tiempo. Luego de 32 minutos de esperar llegó la primera pregunta: - ¿Será que nadie va a venir?, esperemos otro ratico- El clima había empeorado, aunque aún se podía cocinar.

Entró la primera llamada. ¿Dónde está?, - al otro lado del teléfono me preguntaban- . – Estoy en Bogotá, echado en el parque de la 93 rascándome la barriga, so gran idiota!!. ¿Pues dónde voy a estar? En Maroubra, esperando como una güeva a que aparezcan-. Las siguientes llamadas fueron igual de productivas, porque desde que se inventaron las excusas hace algunos años -cuando Eva le dijo a Adán que había mordido la manzana porque estaba a dieta-, todo el mundo queda bien. Que está lloviendo, que el pico y placa, que me dejó el bus, que Maroubra queda en la porra, que no avisé, que me quedé dormida, que hoy tengo dos oficinas para limpiar, en fin… excusas, excusas y más excusas.

Con todo ese cargamento de carne, decidimos cocinar para los dos, pues 58 minutos después era demasiado evidente que nadie iba a aparecer. Pusimos en el asador unas salchichas, las cuales fueron adobadas con gotas de lluvia, debido a que la llovizna era bien cansona, leve, pero persistente.

Varios minutos después teníamos el almuerzo listo; destapamos papas en paquete, cola (homebrand) y sale. Al destapar el paquete de papas, aparecieron unas amigas inesperadas, dispuestas a cantarme el cumpleaños por algunas migajas. A ellas no les importó mucho que estuviera lloviendo, así que aparecieron en manada para celebrar. Eras mis nuevas e incondicionales amigas: Las gaviotas.

Estos dulces y desinteresados animalitos no lo pueden ver a uno mordiéndose la lengua en la playa o en lugares cercanos al mar, pues aparecen a “goterear” trozos de comida. En algunos restaurantes o locales de comida les piden a los clientes no alimentarlos, pues aunque apenas una esté haciendo carita de hambre, no es sino lanzarle una papita frita, y en segundos aparece la manada, incluidas sus primas las palomas; aunque tengo la impresión de que estas viven agarradas entre ellas.

Bueno pues con ellas celebré. Apagué mi celular y me dispuse a comer. Luego de tremenda comelona, regresé al apartamento a ver una película y ya. Eso fue todo. Nada parecido a lo planeado.

Resumiendo un poco me inquieta a veces que aquí uno se quiera reunir con los amigos para compartir un rato, pero por lo general las circunstancias climáticas, laborales, económicas, familiares o demás impiden que se lleven a cabo a feliz término.

En muchas ocasiones los horarios laborales no cuadran, pues en muchos casos ninguna de las personas cercanas tiene horario de oficina. Y me atrevería a decir que al principio de la estadía en Australia, eso no existe. Amigos que comienzan su jornada a las tres de la mañana, terminan a las ocho; van a la escuela de nueve de la mañana a tres de la tarde y a las cinco tienen otro trabajo y van hasta las diez, media noche o entrada la madrugada. Muchos también incluyen en sus jornadas los fines de semana.

Así ¿cuándo hay tiempo para estar reunidos?. Entiendo que uno debe velar por uno mismo, buscar la platica y sobrevivir mientras logra “engancharse” en el engranaje australiano, proceso que toma su tiempo… y largo; pero me preocupa pensar que aquí las personas se encierran en su vida misma, aprenden su rutina de cada día, de cada hora y de cada minuto. A las 6:08 minutos Juan ya sabe que pasa su tren para llegar a su siguiente trabajo; a las 7:28 a.m. Marcela sabe que el bus 373 llega al paradero de Museum en Elizabeth Street para llevarla a la escuela; a las 8:02 p.m. comienzan los Simpsons por TEN. Todo es medido, si te pasas un minuto puede ser la gran diferencia.

También tengo la leve sospecha de que el clima influye en el estado de ánimo de las personas. Estamos en pleno invierno y a veces no dan ganas de hacer pero nada. Ni escribir. Diossss!!, en esta crónica tan corta me he gastado tanto tiempo. En esta temporada un día es muy corto; los primeros rayos de luz asoman casi a las 6:53 a.m y a las 4:49 p.m. ya es casi de noche. Las temperaturas son muy bajas en las madrugadas, y aunque a medio día el sol puede calentarte, una brisita esquinera te congela hasta la sonrisa. Antes de venir sí me habían dicho que la mejor temporada para llegar a Australia era cualquier parte del año menos en el invierno; y en parte tienen razón.

Hay cosas que son interesantes siendo frías: La cerveza, los helados, la avena y las pastillas para la garganta. Pero hay otras que definitivamente aburren siendo frías: La economía, el mar, la brisa, el ánimo y las mujeres.

A la conquista!!!

miércoles, 24 de junio de 2009

Dime que sí...



Por estos días logré reunir casi todos los papeles que la oficina de inmigración me exigía para otorgarme la visa de dos años que había solicitado.

Lo más complicado del asunto era reunir los 30.000 dolaretes en la cuenta; y como el asunto era urgente no había tiempo de organizar ni una teletón con el ánimo de reunir algunos pesitos.

Debo agradecer los gestos de solidaridad, mensajes, consejos que llegaron por correo desde varios países. Luego de meditar el asunto tranquilamente decidí que la mejor opción era ir y decir “Pues esto es lo que hay”.

En resumidas cuentas, contar mi historia, mostrar lo que había reunido y esperar respuestas positivas.

Durante el proceso de reunir los documentos conseguí algunos ahorros aquí, otros desde Bogotá; llame a pepito y a sutanito para buscar soporte; saque fotocopias de cheques pagos en mi trabajo, fotocopias; escanear las cartas del banco; comprobante de pago del seguro médico, entre otros documentos.

En total, sin haber almorzado ese día, había reunido 12.679 dólares de los 30.000 que me pedían. Aquí la preocupación comenzaba a sentirse más, pero algo me decía que todo iba a salir bien. Por último decidí escribirle una carta al agente de inmigración encargado de mi caso. En resumen, le decía que siendo honesto no había logrado reunir todo el dinero que se me exigía. Sin embargo, le enviaba documentos que demostraban claramente que podría sostenerme por dos años en Australia, mientras adelantaba mis estudios; que tenía un trabajo estable del cual pagaba mis impuestos respectivamente.
Que no me sentía satisfecho con el nivel de inglés que había adquirido y deseaba poder estar más tiempo con el objetivo de mejorarlo, hacer un master y luego sí regresar a mi país. Y en caso de que el resultado fuera negativo, simplemente le agradecía a Australia el haberme permitido venir; que me diera un par de días para ir por los souvenirs respectivos, y que si necesitaba algo para llevar a Colombia, estaba a la orden.

El día lunes tenía todos los papeles listos. Escribí la carta, adjunte los documentos, revisé unas nueve veces el contenido de la carta, y simplemente presioné el botón “enviar”. El correo se había ido y ya la pelota estaba en el bando de ellos. Obviamente no faltaron algunas súplicas a los santos de los extranjeros.

Santa Eliza: Que me salga la visa.
San Vicente: Que el oficial de inmigración sea buena gente
San Benito: Que todo vaya bonito.
San Aldemar: Que me pueda quedar.
San Guchito: Consígueme otro trabajito.
San Salvador: Que la selección Colombia le gane a Ecuador.

Las cartas estaban sobre la mesa y ahora sólo era cuestión de esperar. La incertidumbre reinaba, aunque siendo honesto estaba preparado para cualquiera de las dos respuestas.

Uno de los martes australianos en la tarde asistí a una reunión informativa sobre temas de inmigración. Una representante del Gobierno Australiano daría una conferencia –al gratín- para las personas interesadas en acceder a este proceso.

En el auditorio había alrededor de 40 personas, la mayoría de ellos colombianos, y todos escuchando sigilosamente lo que la funcionaria escribía.
En resumidas cuentas la señora contaba algunos datos sobre las nuevas regulaciones para las personas que quieran seguir un proceso de residencia en este país. Llévabamos unos 43 minutos de charla cuando me dio por revisar mi correo electrónico desde el celular. El reloj marcaba las 3:14 p.m.

Entré al correo y ….. Ay Dios!!! (1) mensaje nuevo.

Era de la oficina de inmigración. Pucha!!! Qué susto. Por unos segundos me quedé mudo. ¿Será que lo abro o espero a terminar la reunión?. Estaba impaciente, ansioso; me sudaban las manos.

Aquí me dije: Lo que fue, fue. Abrí el correo. Aunque la pantalla de mi celular es pequeña, buscaba afanosamente entre las palabras del correo alguna que me dieran indicios positivos: Visa aprobada, aceptada, bienvenido, etc…

La ansiedad me carcomía poco a poco. Hasta que leí una frasecita que me hizo descansar luego de algo más de dos meses de incertidumbre:

“I am pleased to advise that you have been granted a student visa”


YYYYEEEEAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!
ZAMBOMBA!!!!!
RECORCHOLIS!!!!!
UY ZURUNDUNDUI!!!!!!!!!

Tenía la visa. Me la otorgaron hasta agosto de 2011.

Salí del recinto y llamé a un par de amigos cercanos para contarles. Un vez más con otras puertas abiertas, las perspectivas cambian un poco.

Debo agregar que en este instante en que escribo esto, aún estoy ansioso. Es una gran noticia para mí, para las personas que me apoyaron e incluso para algunos enemigos que me estoy ganando ya.

Sin embargo – y que no suene a frases que algunas mujeres me dijeron -: Necesito tiempo. Tiempo para asimilar esto, para seguir aprendiendo y para decidir en dónde definitivamente quiero estar.

A la conquista!!!

domingo, 31 de mayo de 2009

Sí, buenas, para lo de la visa...


Hace unos días en la mañana puse a cargar mi teléfono celular. Aquí los teléfonos se descargan muy rápido, pues se usan para escuchar música, navegar en internet, enviar correos, tomar fotos, usar GPS, ahh y claro, llamar. Bueno, en esas estaba, y apenas conectaba el cargador cuando entró una llamada.

Miro el número y dice “Número privado”. Contesto. ¿Yes?.

-Can I speak with Quintero Berrio Luis Eduardo, please?-. Escucho. La voz no tenía un acento muy australiano y era fácil de entender. Tenía la leve ilusión de que fuera de una tienda de artículos electrónicos en la cual había dejado mi hoja de vida No. 146 el día anterior.

Pues no. El señor que me llamaba era de la oficina de inmigración. Resumo la primera parte de la conversación:

¿Luchito?, tonces mijo. ¿Cómo va la vida en Australia? ¿Todo al peluche?. Qué bien. ¿Ya se tomó la foto obligada con el Koala en el zoológico?, o si no, la foto en el Opera House?. ¿Cuándo es que va a comenzar su blog en inglés?. ¿Y las australianas? ¿Lindas, no? Bueno, mucha labia con ellas y buen inglés mijo.

Hasta este momento todo era felicidad en la conversación. Luego me preguntó sobre mi estatus actual y qué planes tenía. Le dije que andaba de vacaciones y esperando para comenzar a estudiar en julio. El hombre me dijo que había un problema (El primero de lo que se me venía encima). Me dijo que los estudiantes no pueden dejar pasar más de dos meses entre curso y curso, y yo tendría cuatro meses libres. –Necesita ponerse a estudiar algo-, me sugirió. Una opción era tomar un curso de inglés de un mes y luego entrar a hacer el Diploma en Multimedia. El hombre me dijo que necesitaba solucionar eso. Que luego me enviaba los demás “requisitos” al correo electrónico. Que le llevara los documentos cuando los tuviera listos y eso era todo. Yo dije – Ahhh no, pero si es breve la vuelta.-

Al instante de colgar revisé mi correo electrónico, y copio a continuación una parte del mismo:

… “In order to make a decision on the application, you must provide the
following documents:

• Evidence that you client have sufficient funds to support yourself
and all family members during your stay in Australia.

Funds must be held in an account for more than 3 months.
Please note that statements or letters need to be dated no more than 4
weeks before you lodged this application.

You are required to show that you have $30,000.00 AUD”…

Upaaaaaaaaaaa ¿pero qué? Who order chicken? Ese correo me dejó frío, cansado, ojeroso y sin ilusiones. Lo curioso es que NUNCA pensé que me fueran a pedir tanto. Como diría una de mis amigas asiáticas: La cosa estaba peluda.

Lo que resume el correo es que para que inmigración me dé una visa por dos años debo tener disponibles 30.000 dólares australianos en una cuenta. Y deben haber estado ahí por lo menos por tres meses. El único que conozco o que conocía que tenía dinero guardado y no a tres sino a seis meses era David Murcia Guzmán, pero al hombre lo pelaron. Entonces, ¿de dónde iba a sacar esos fondos?.

Siendo honesto, me vi en Bogotá. Pero no; decidí pensar a ver cómo lograba reunir el dinero. Conté mis monedas que tengo en un tarrito de galletas de Juan Váldez: 154.45 dólares. Sumado a mi trabajo de repartidor de periódicos, más otros ingresos; más lo que hay en el colchón; y otros billetes que encontré en un pantalón y en una chaqueta. Pues sumado todo no llegaba ni a 3.000 dólares. Pucha!!! Nuevamente me vi en Bogotá.

Intenté otra cosa. Llamé a una amiga quien me asesoró con inmigración. Le conté el caso y me dice – cosa que no me había dicho antes – Ayy Luchito es que tú quedaste en nivel tres. ¿¿??. Es decir???? Bueno, voy entendiendo que hay diferentes niveles, y según éstos, a uno le piden más o menos plata y documentos. Hago una analogía: Para el nivel uno piden tres tapas contramarcadas de Coca Cola con el sello “Visa a Australia”; y para nivel seis, que creo es el último, usted debe tener avión privado para llegar a Sydney.

Mi amiga de la agencia me decía que era imposible cambiar los requisitos exigidos. Que la única opción es retirar la aplicación y hacer otra para quedar en nivel dos, donde piden menos cosas. Pues hacer eso me cuesta otros 500 AUD de una nueva solicitud. ¿Qué más has pensado?, me preguntaba. Le dije, bueno ir y negociar. Aquí esa opción existe; es decir, por lo menos aquí en inmigración lo escuchan, y le dan el chance de 28 días para reunir los documentos y los fondos que piden. Entonces gasté las siguientes tres horas y cuarenta y dos minutos en buscar opciones. Llamé a Bogotá a los socios, hablé con mi jefe – sí, el de los periódicos- y con un par de amigos aquí.

Luego de meditar el asunto conmigo mismo, con la almohada, el pato de peluche y un vaso de Cola, me dije: Voy a hacer hasta donde esté a mi alcance. Iré a decirle al agente de inmigración lo siguiente:

Estimado señor, En realidad quiero quedarme. Aunque ya me defiendo mejor con inglés, necesito profundizarlo mejor y, además, el curso que haré tiene mucho que ver con mi área profesional. Si usted me pide 30.000 AUD para eso, pues debo decirle que no los tengo. Tengo en una cuenta ahorrados 10.000 AUD, más un amigo que es mi soporte en Colombia con un par de tarjetas de crédito y, además, tengo un trabajo aquí en Sydney, el cual es fijo, y me permite reunir 1200 dólares al mes. Quiero y deseo quedarme legalmente, trabajar y pagar los impuestos necesarios y en un futuro aportar mi conocimiento para que este país crezca. Luego me retiro en silencio. Así, cual película de drama cuando hay un silencio eterno. ¿Muy arriesgado?

En realidad no tengo más opciones, y creo que el agente debe de otorgarme la visa, pues todo lo que le diré estará soportado en documentos y constancias. Y si ser sincero me costará que me sea negada la visa, pues me iré. No sin antes agradecer a este país todo lo que me enseñó, que en tan poco tiempo, fue bastante – Espero que esto último no pase –


Me dieron 28 días para reunir todo; han pasado tres…

Y usted ¿qué haría?


A la conquista!!!

lunes, 27 de abril de 2009

La vida en Australia - ¿Quedarme o regresar? Lo bueno, lo malo y lo feo de Australia


Bueno, aquí seguimos.

Antes que nada debo agradecer a las personas que me escriben y me dan buenos y malos consejos. En realidad no recibía tanto apoyo en la última crónica desde aquel funesto día en el que nuestro glorioso equipo de futbol 11 de La Sabana cayó aplastado por una severa goleada. Debo anotar que fui el único de ese equipo de gatos que hizo gol, aunque en nuestra propia portería, pero gol es gol.

Por otra parte, bastantes personas me preguntan cosas específicas a las que muchas veces no tengo la respuesta exacta. ¿Qué si es bueno el país? , ¿Qué si hay trabajo? ¿Qué si toca de cleaner toda la vida? ¿Qué si las mujeres son locas? ¿Qué cuándo caerá Chávez? ¿Qué cuándo pasará la crisis? ¿Qué si puedo llevar a mi perrito desde Colombia?

Yo lo que simplemente me apostaría a decir que hay que venir para vivir por experiencia propia cómo es es la vida en Australia. Pongo un ejemplo con la comida. Sé de personas que les da súper duro aquí, y que todo les cae mal. En mi caso la comida me ha parecido buena, se consigue comida de cualquier parte del mundo – incluso Pony Malta con Pan de Bono ve!!- pero entiendo que hay algunos comensales de bastante exigencia y por esa razón no podría afirmar que la comida es buena para todas las bocas, estómagos y estratos.

Luego de estas aclaraciones, entremos en materia.

Lo bueno, lo malo y lo feo de Australia.
Han pasado siete meses desde que me dieron la bienvenida en el aeropuerto internacional de este país. Recuerdo con nostalgia cuando me preguntaron ¿Trae drogas? Y yo les dije, sí. ¿Medicina? – Por dentro pensaba: No, una maracachafa para el cambio de horario jaja- Sí, una droga recetada y traigo la fórmula. – Welcome to Australia-

Durante estos 210 días y algunas horas he vivido unas situaciones muy buenas, otras no tanto, y unas pocas como para mandar al túnel del olvido. Aquí las resumiré aclarando – obviamente y que POR FAVOR QUEDE CLARO- es mi punto de vista. No es la verdad absoluta, pues como yo hay miles de inmigrantes, yo soy uno más, con algunas habilidades para escribir. Las personas pueden leer esto y tomar nota o bien puede dar clic en la crucecita roja que tienen arriba en la esquina derecha de la pantalla del computador.

Lo bueno de Australia.
Uffff, son innumerables las cosas que hacen de este un gran y maravilloso país. Aunque es poco lo que conozco, lo que me han contado y lo que he leído, he extraído algunas cosas por las que definitivamente vale la pena venir, conocer, vivir y estar un buen tiempo en Australia.

Australia lo recibe con las puertas abiertas. Este país le da la bienvenida a todo el que quiera venir y hacer las cosas bien. Obviamente, como todo país, Australia pone ciertas restricciones y Colombia, desafortunadamente por los problemas que aún nos aquejan interiormente, no es la excepción. Para llegar aquí desde Colombia, la embajada Australiana en Santiago de Chile pide demasiadas cosas para mi gusto, pero no son complicadas de conseguir. Ellos quieren que uno tenga lo justo para poder vivir aquí, y se puede hacer.

El transporte público es algo asombroso. Aquí hay trenes, buses y ferris. Pero lo descrestante es que todos tienen un horario fijo. Es decir, uno sabe a qué hora pasa el bus, tren o ferry. Y siempre hay transporte disponible. Aquí puedo ir a la estación de Town Hall en la “city” y saber que a las 10:25 a.m. pasa el tren que me sirve. Y si se me pasa, a las 10:38 viene el siguiente. Así es con los buses, al frente de mi casa queda un paradero y cada ruta tiene sus propios buses con horas exactas. Todos los buses son prepago – no me refiero a lo que está pensando – sino a que se pueden comprar los tiquetes antes de subir al bus con el objetivo de agilizar el viaje. Aunque no falta quienes aún pagan el bus dentro del mismo vehículo y retrasa el tiempo de viaje. De hecho yo aún a veces pago con monedas, qué pena!.

Los conductores de los buses son personas muy respetuosas, amables y cumplen el 99.43% de las reglas. Es decir, paran sólo en los paraderos asignados, nunca llevan sobre cupo. Cuando el cupo de pasajeros de pie se completa, él amablemente les pide a los demás pasajeros que por favor esperen el siguiente bus. Aquí no se oye “Córranse patrasito que atrás hay campo, colabórenme”. Hace algunos días un conductor de estos se pasó una luz en rojo y atropelló a una persona. Estas cosas también pasan pero es una en un millón; de hecho este señor quería morirse por lo que pasó, aunque no fue nada grave.

Otra situación que me asombra es la cultura de la gran mayoría de personas que viven aquí. Por ejemplo, parece que los automóviles no tuvieran pito. Rara vez se escucha que alguien pite. Los carros siempre ceden la vía al peatón, NUNCA se pasan un semáforo en rojo, incluso en las madrugadas cuando las calles están casi vacías; Si la luz está roja, esperan a que cambie. Sí un auto va a girar a la izquierda en un semáforo, quienes vienen atrás esperan pacientemente a que lo haga. También hay bastante respeto hacia los ciclistas y las motos. Entiendo que donde golpeen uno, la demanda es grandecita.

Vivir en Australia implica estar inmerso en una gran cantidad de culturas. Alguien mencionaba lo extraordinario que era subir al tren y escuchar cinco o seis idiomas. Otro saludando en chino, cantando en alemán, regañando en japonés, discutiendo en coreano o contando chistes en hindi. Asimismo es la historia que traen cada uno de estos personajes desde sus países. Algunas interesantes, otras asombrosas y otras como para sentarse a llorar. Aquí es donde uno se da cuenta que el planeta es extremadamente inmenso y no alcanzaría toda una vida para conocerlo.

El respeto hacia el inmigrante es muy bueno. Sé que hay algunos casos de racismo, y otras formas de discriminación, pero son mínimos. La consigna de Australia es que si uno viene a hacer lo que se hace en Australia, trabajar o a estudiar, cumplir las leyes, respetar a los demás, y, en especial, hacer crecer este país, usted es bienvenido. Aquí en la sociedad hay bastante respeto hacia ideologías, religiones, tendencias sexuales, razas y demás. Se puede ver a un ateo hablando con un cristiano; a un par de hombres enamorados tomados de la mano caminando por la calle, o mujeres musulmanas cubiertas con sus burkas – incluso en temperaturas sobre 40 grados – y todos conviviendo en una sociedad que tolera y respeta el pensamiento y las creencias de los demás. Debo anotar que a veces cometía el error de pensar que los equivocados eran los que pensaban diferente al mundo occidental.

Un día en bus se subieron dos musulmanas, cubiertas completamente y una de ellas incluso con lentes, que ni siquiera le permitían ver sus ojos. Aquí pensaba, ¿qué se le cruzará a estas mujeres por la mente para hacer eso o es tal el grado de represión oriental que algunas tienen, que siguen con sus vestidos, aferrados a unas creencias que les impusieron desde pequeñas? De hecho, uno aquí comienza a dejar atrás esos prejuicios estúpidos con los que se estigmatizan a las personas de muchos países. Recuerdo que en el vuelo de Nueva Zelanda a Australia venía entre los pasajeros otra mujer musulmana. Ella vestía toda de negro, sólo tenía al descubierto los ojos. Yo pensaba: Será que esta mujer en pleno vuelo le da por inmolarse por sus creencias. Que grite “Ala majala mala jala mala jaja la y BUMMMMM”. Sí, es un error. Eso aquí cambia pues conocemos más a fondo esas culturas. Obviamente cada país tiene sus manzanas podridas, pero son poquitas, bueno eso espero.

Y así con varias situaciones. Pero aquí uno profundiza más en el respeto hacia esas creencias, aunque muchas veces le parezcan extrañas, o, incluso las considere extremistas. Asumo que algunos de ellos pensarán lo mismo de nosotros.

En Australia hay dinero. Para los que nos gusta el billetico en abundancia aquí se puede conseguir. Aunque que en este momento el país está inmerso en una recesión, se reducen los puestos de trabajo y cada vez es más difícil conseguir un empleo. Sé que más de uno me dirá loco pero tiendo a pensar que Australia no es un país costoso en muchos aspectos. Lo que pasa es que muchas personas cometen el error de siempre convertir todos los precios a las monedas de sus países y el totazo es duro; obviamente pagar por un taxi 50.000 pesos colombianos, por una coca cola 7.000 pesos, por un almuerzo 30.000 o por vivir en un cuarto compartido 200.000 pesos por semana es algo que aterra a muchos. Sin embargo cuando uno se engancha legalmente al mercado laboral la situación cambia pues un salario mínimo aquí puede rondar los 15 dólares por hora que trabajando tiempo completo se reúnen unos 2.400 dólares al mes (Aproximadamente 4 millones de pesos).

Cuando uno se adapta a la fuerte economía Australiana el pensamiento de que todo es caro cambia un poco. Y aquí hablo de trabajos varios porque cuando uno trabaja como profesional en su respectiva área la situación mejora bastante, y si de pronto en esas le da por montar empresa y le pega al perrito ¡virgen santísima!

Las oportunidades en Australia son bastantes. Quienes deseen emigrar y hacer una vida aquí lo pueden hacer. Australia necesita mano de obra calificada en muchas áreas pues es un país muy extenso y su población no es proporcional a su territorio por lo que otorgan visas de trabajo, permiso de residencia a profesionales y otro tipo de inmigrantes de todas partes del mundo. De lo que he sabido aquí tienen abiertas las puertas ingenieros, médicos, odontólogos, chefs, plomeros, electricistas, peluqueros, panaderos, entre otros. Sé que hay una lista oficial, pero estos son los que recuerdo. Obviamente no es decir me fui para Australia y ya fui feliz, no.
Ya hablaré más adelante de eso.

Australia es un país muy seguro. Aquí la tranquilidad del ambiente en que uno vive es notoria. Obviamente hay casos leves de inseguridad, pero hablaré es de lo bueno. Por ejemplo, los conjuntos residenciales no tienen celadores; salir en la madrugada a tomar un taxi es confiable, no existen los paseos millonarios y las autoridades locales siempre están atentas a prestar seguridad a todos nosotros, seamos o no residentes o ciudadanos.

Recuerdo que cuando uno llega al principio es muy prevenido pues obviamente de donde vengo que no podía descuidar uno ni la sombra pues se la podían robar. En mis primeros días temía dejar el portátil en el cuarto, o en la maleta en la biblioteca o retirar plata en el cajero en la madrugada, pero poco a poco la percepción va cambiando y uno se vuelve más tranquilo, claro, todo esto sin llegar a la frescura. En general uno se siente en un ambiente seguro.

Lo malo de Australia.
En este punto me referiré a cosas que me han sucedido y que considero que no son buenas en este país. Por 4.456 vez aclaro que es mi opinión y no es la verdad absoluta.

Australia queda muyyyyyyyyyyyyy lejos. Si uno viene desde la tierrita (Colombia) gasta aproximadamente 25 horas metido en aviones; aquí hablo cuando un viaja por Suramérica. Y no hay vuelos directos. Pilas que si le ofrecen en una agencia el vuelo Bogotá-Sydney directo por Aeropatito, lo están tumbando. Hay que tomar dos o tres aviones para aterrizar en Sydney.

Integrarse al sistema australiano toma su tiempo y es necesario hacerse un lavado mental para que ocurra. Pongo por ejemplo el caso de la conducción. Aquí es al revés, el conductor va a la derecha. De hecho en estos días estuve conduciendo y siempre me confundo al principio, pues los cambios se hacen con la mano izquierda, las direccionales con la derecha y cuando voy conduciendo el carro tiende a irse hacia el lado izquierdo. Es cuestión de práctica.

El caso es que el lavado cerebral y la fortaleza mental que uno necesita deben ser fuertes. Aquí cuando los demonios internos atacan y la soledad golpea, se pueden tener momentos duros. Los primeros días, meses, incluso años son difíciles. Dominar el idioma, entender el sistema y mezclarse en esta infinidad de culturas es difícil. Pero si quiere quedarse, hay que hacerlo, perseverar, seguir, caer, levantarse y continuar.

El acceso a la educación para los extranjeros es difícil y no hay muchas opciones de ayudas. Muchos de nosotros soñamos con hacer estudios superiores aquí, pero las instituciones no dan muchas opciones a los extranjeros. Los costos son más altos que para ciudadanos y residentes, y en casi todos los casos hay que pagar uno sobre otro. Cero créditos. Lo paradójico es que el Gobierno ayuda mucho para que sus nacionales estudien, les dan muchas opciones, algunas de ellas casi regaladas, pero muchos de ellos no aprovechan. Y uno que si quiere estudiar, pailas, que lo muerda el marrano.

La mafia latina y asiática del trabajo.
Lamentablemente muchos de los latinos que tienen empresas de trabajos varios en los cuales uno comienza cuando llega explotan a los estudiantes. Sí, duele decirlo. Pero nosotros mismos nos encargamos de explotarnos. Considero que si uno llega a una economía fuerte debe hacer y pagar los salarios que aquí se pagan para que la economía se mantenga. Cómo es posible que estos capos paguen menos del salario mínimo a los estudiantes. Y no estoy armando la pelotera pero es algo que está pasando. Hace poco vi la nota en un periódico local.
http://www.smh.com.au/national/overseas-students-abused-by-bosses-landlords-union-20090421-ae1l.html

Resulta que aquí el salario mínimo ronda casi los quince dólares y estos explotadores se excusan en que la crisis y no sé qué más cuentos para pagar por debajo de ese valor. Eso es explotación señores!!!!! .

Incluso sé de casos en que ellos obtienen comisiones de más del 100%. Por ejemplo, consiguen trabajos donde un australiano les paga un promedio de 30 ó 40 dólares la hora, y ellos subcontratan a un latino y le pagan a 12 ó 13. Terrible. Se están trayendo las mañas de nuestros países. Para esto haré una crónica completa más adelante, pues estoy averiguando otras cosas y quiero tener más detalles. Pero triste lo que pasa con “nuestra gente”.

Hay a veces algunos brotes de inseguridad, racismo y peleas entre pandillas. Dicen que hay sitios a los que ni la policía va.

Lo feo de Australia.
En este punto me refiero a cosas que uno ve por estas tierras y dice “lástima que en este país tan bonito ocurra esto”, pero como en todo paraíso siempre hay culebras rondando. A muchos australianos y otros extranjeros les gusta la beber hasta embrutecer; y esto es un problema que se les sale de las manos a veces a las autoridades. Los que beben no se controlan, y hablo tanto de mujeres como de hombres, y claro con tragos encima muchos se creen superman e invencibles.

Las peleas están a la orden del día, los accidentes de tránsito, escándalos y obviamente, muchos muertos por estas causas. En el caso de algunas niñas es terrible ver el estado en que quedan luego de se emborrachan. Las ve uno en ocasiones tiradas en el piso, inconscientes, algunas drogadas, etc. El Gobierno hace esfuerzos por controlar esto, los cuales incluyen campañas de televisión, estrategias de comunicación, entre otras, pero falta mucho. En realidad es un problema grave.

Sé que también a muchos les gusta jugar, pero de esto sí no tengo muchos datos, entonces no sé cómo sea el asunto en el fondo. Pero el juego es cosa sería también aquí.

Cuando uno camina en las madrugadas ve gente durmiendo en las calles, indigentes etc. Entiendo que son personas que lamentablemente se dejaron llevar por un vicio como las drogas, o algo parecido, pues este país ofrece muchas oportunidades para salir adelante, y ellos cayeron en desgracia. Triste eso.

Como conclusión de esta crónica, Australia tiene muchas más cosas buenas que malas. Y eso que aún voy apenas para siete meses y es mucho lo que me falta por conocer.
Sin embargo, luego de meditar bien el asunto, evaluar pros y contras, analizando fortalezas y debilidades luego de sietes meses por aquí, pues he decidido que lo mejor es que me voy…





Me voy… pero sentando, porque me quedo otro tiempito más…

lunes, 9 de marzo de 2009

Tocó romper el marranito y contar las monedas


Saludos a todos. Llevaba un buen tiempo sin escribir, y aunque en este momento una leve sonrisa invade mi rostro, he de contar que he pasado momentos oscuros durante estos días.

Hace algunos días tuve momentos de crisis en varios factores, emocionales, económicos, de estudio, con amigos, en fin. Todo esto sumado le hace llegar a uno la famosa malparidez cósmica con tintes de agonía interplanetaria cíclica. Esto se resume en que algunos días me levanto con ganas de mandar todo al carajo, correr mi vuelo y retornar a mi país. Punto. Aquí no fue.

Mi compañero de aventuras australianas, Juanito, no resistió la crisis, pues sus deudas cada día se incrementaban y esto influía en su estado de ánimo; sumando el hecho de querer estar al lado de su hija. Con todos estos inconvenientes decidió regresar y bueno, aquí me he quedado buscando una luz o un pequeño indicio de que el camino indicado es por aquí.

Hay muchas clases de inmigrantes deambulando por el mundo en busca de mejores cosas en sus vidas; los motivos para emigrar sobran y las ganas abundan, pero estando aquí la situación es diferente. Aquí debo resaltar las clases de inmigrantes que existen, debido a que no es lo mismo un estudiante recién salido del colegio que viene a hacer un intercambio, a conocer el mundo, a probar a qué sabe esto y a desinhibirse un poco – pues aquí ellos lo hacen bastante -; a la historia de un inmigrante que deja todo en su país, incluso lazos fuertes de familia, por buscar un futuro mejor, y aquí llega y trabaja en lo que salga para mantenerse, luego poco a poco lo logra y en un par de años puede estabilizarse y mandar por los suyos, si no muere en el intento.

De hecho, hace poco una amiga me recomendó para un trabajo algo lejos de la “city”; creo que era limpiando buses o algo por el estilo. Al hablar con la persona encargada, le pregunté por qué dejaba el trabajo, y me respondió que se regresaba con su esposa, luego de seis meses intentando estabilizarse por aquí y la situación estaba bastante complicada.

Obviamente el factor económico juega un papel muy importante en esta esquina del mundo y aunque Australia queda bien lejitos, los coletazos de la crisis mundial se acentuaron también. En las noticias se dice que el Gobierno hace inminentes esfuerzos para superarla, pero muchos han perdido su trabajo y si por ende ellos lo pierden, toda la tropa de cleaners, meseros, bartenders, plomeros y demás también caen al abismo.
¿Y cómo termina esto? Pues no hay trabajo o los “capos” de la limpieza y de demás trabajos varios comienzan a reducir horas o el precio por hora; y claro, uno no puede darse el lujo de protestar, pues atrás vienen miles de latinos, indios, o chinos por el mismo trabajo, e incluso hasta por menos salario.

Y el factor de la falta de dinero afecta el ánimo y las ganas hasta de caminar. Es decir, afortunadamente no me ha faltado el dinero para la renta semanal y para el mercado. Sin embargo, haciendo ya planes pues la visa expira pronto hay que reunir algunos doláretes – entre AUD 2000 y 3000 – para solventar los gastos de la visa para 6 meses más de estadía. Entonces la incertidumbre acecha, comienzan a atacarme los demonios internos, y una serie de preguntas gira en torno a mi cabeza. ¿Yo qué hago aquí, a qué me vine? Teniendo mi vida en Colombia ya medio posicionada me vengo aquí a comenzar prácticamente de cero.

Y, ¿cómo le explica esto uno a un amigo chino o alemán y que ellos logren saber qué pasa por mi cabeza cuando la situación está dura? Incluso cuando uno toma un cepillo y limpia un baño muchas veces se cuestiona. ¿Cinco años de universidad para esto? Para limpiar, para venir a “mopear, hacer la vacuum o el dusta”. No. Mejor me regreso y sigo con mi vida y punto. Recuerdo cuando uno de mis jefes en La Sabana me decía: Muchacho, ¿tú qué quieres ser? ¿Cola de león o cabeza de ratón? y claro, desde hace algunos años tengo unas inquietudes intelectuales bastante altas, entonces los trabajos mecánicos y repetitivos donde no se exija el cerebro me cuesta entenderlos. De hecho, por más mecánicos que sean trato de buscarles algo de estrategia o de lo que uno aprende en la vida. ¡Gracias Dr. Super 0!

En uno de mis trabajos tenía la responsabilidad de sacar todas las basuras de un piso de oficinas. Cada uno de los cestos tenía una bolsa negra plástica. Durante el recorrido, en el que me gastaba en promedio 30 minutos, esas bolsas demoraban el proceso de recolección de las basuras y por ende el tiempo de limpieza. Entonces decidí eliminar esas bolsas, así les ahorraba platica a los jefes, y colaboraba con el medio ambiente, pues tengo entendido que esas bolsas son un grave problema para el planeta. Sí, aquí se aprende de eso.
Pues en conclusión, tomé mis acciones sin consultar a mis jefes y tratando de ser más eficaz. El resultado: Me gané un “complain” o queja, y me botaron. Debo reconocer, que días anteriores a esta queja me había ganado otro “complain” por haber dejado una basura donde no era. Aquí, alego en mi defensa que esa basura no era mía, pero evidentemente aquí las explicaciones no valen mucho: Adiós, sin preaviso, cesantías, indemnización o despedida en un barcito con cervecita.

Cuando eso pasa aquí y no tienes como el hogar cálido para llegar y contarle a alguien, pues esto pega duro. De hecho, cuando uno tiene sus bajones emocionales cualquier golpecito al ego es tomado como la peor de las tragedias. Aquí aprovechan los malditos demonios internos que muchos poseemos para atacar sin piedad, entonces uno se siente solo, vacío, con ganas de correr – pero ¿a adónde?, con ganas de llorar y llega a nuestro lado una de nuestras ollas que a veces nos acompaña: la olla DE-PRESIÓN; que como no llega sola la maldita, se acompaña de unas gotas de recuerdos, y es donde extrañas a tus mejores amigos, cuando reíamos en el BBC de la 82, tomando cervecita y rajando de los profesores de la universidad, de otra gente y hasta de los gobernantes de turno. Extrañas esos abrazos de tu novia, los regaños de tus padres, o tener la comidita en la casa cuando se llega en las noches, así sea un pan de 200 pesos y un café caliente. Debo añadir que hasta hace falta Jota Mario en las mañanas, o Laurita Acuña incluso, los chismes de los sábados en el lavadero. Es más, siempre me he preguntado ¿qué será la vida de Daniela Franco, o en qué va Padres e Hijos?

Ante estas situaciones acuden los amigos que uno hace por aquí, quienes buscan darme la mano y que no decaiga más, no faltan los mensajes por facebook, msn o en el celular. Hace poco un amigo me decía, fresco lucho, que esto el primer año es muy difícil, pero el resto de años se vuelve imposible… Ja! Adelante!

Retomando un poco la labor a la que me dediqué por varios años – a estudiar para ser periodista- decidí averiguar por algunas historias de inmigrantes tanto aquí como en otros países. Las estadísticas me han mostrado que siempre se añora la tierrita, que la soledad golpea y que el proceso de adaptación a otra cultura es muy largo. Muchos inmigrantes tienen ventajas: Llegan con el idioma, con un patrocinador económico e incluso vienen acompañados por esposas e hijos, lo que “alegra” la vida y ayuda a superar, por momentos, los días difíciles; pero quienes llegan solos, con algunos dólares y apenas soltando la lengua, el panorama es diferente. En Estados Unidos, España, Alemania, Argentina, México, Inglaterra y otros, la situación económica ha puesto a muchos inmigrantes a la deriva, algunos regresan pues al menos en casa está el calor de hogar, otros deciden jugársela hasta que la crisis pase. La pregunta es, ¿hasta cuándo durará?

En otras historias, escuché la de un ingeniero colombiano, quien duró como dos años acomodando huevos en un supermercado aquí en Sydney. Al comienzo resistiendo el trabajo, ponga y ponga huevos, pero al final ya no quería ver ni unos huevitos con cebolla y tomate en el desayuno. En varias oportunidades tuvo la opción de ser contratado para trabajar en su carrera, pero algo pasaba y el trabajo no salía. Vivía inmerso en algunas profundas depresiones. Tenía una ventaja, su esposa lo acompañaba en las malas y en las inmundas; hasta que un día, por obra y gracia del destino, pudo ser contratado en su carrera, ser residente y comenzar a hacer una vida en Australia. Ahora luego de varios años ya tiene sus cosas aquí, gana muy bien – más de AUD 10.000 al mes- y tiene futuro. Después de dos años de acomodar huevos, por lo menos le quedaron huevos para aguantar.

Así hay miles de historias.

Una de las herencias que me dejó Juanito, fue su trabajo en las mañanas. Ahora, gracias a él trabajo por fin en algo relacionado con mi carrera. Trabajo para el Sydney Morning Herald, un periódico de circulación masiva, algo así como El Tiempo, de Colombia. Mi labor se concentra en repartir los periódicos en las madrugadas por algunas cuadras alrededor de mi casa. Bueno, como dijo la hermana de Juanito, por lo menos es relacionada con su carrera de periodismo.

Ya puedo decir que me lee mucha gente, pues además de ese diario, reparto otros ejemplares de otras casas editoriales.

Mi trabajo consiste en levantarme algo tempranito, tipo cuatro de la madrugada e ir a la agencia por los periódicos. Debo entregar alrededor de 60 periódicos. Allí tomo un carrito para cargar cajas y salgo a repartir las noticias del día. Entre semana es breve el asunto pues el movimiento nocturno es casi nulo y todo se hace más rápido. Pero los fines de semana el asunto se complica, pues aquí debo pasar por una de las calles gay de Sydney, la Oxford Street, donde a esas horas la rumba está hasta en las calles, y hay que lidiar con gente bien loquita, no falta el que lo saluda, la que le quiere robar un beso, los que quieren que les regale los periódicos, los que lo felicitan a uno, los que le invitan un trago, y los que piensan que uno es un loco más que les sigue el juego. Los sábados la edición del periódico es casi tres veces más grande y el viaje demora más tiempo pues hay que sacar más fuercita para empujar.

No faltan las incidencias climáticas que se tiran todo; de hecho cuando estaba en pleno entrenamiento con Juanito, nos tocó lidiar dos madrugadas lloviendo; entonces imaginen el asunto: Nosotros empapados – aunque yo llevaba mi ropa de montaña-, andando por las calles, con vientos fuertes que mandaban la lluvia de lado, buscando que los periódicos no se mojaran, y tratando de refugiarnos en cuanto arbolito nos daba la mano. En uno de esos aguaceros imprevistos, fue cuando me senté a esperar que escampara y allí me pregunté como por 324 vez, ¿qué estoy haciendo? Obviamente, a pesar del esfuerzo, ese día tocó entregar noticias pasadas por agua. Qué irónico, mis ávidos suscriptores leyendo noticias sobre incendios en Australia, en periódicos empapados.

Y así es todos los días, de domingo a domingo, de madrugada en madrugada. Como el trabajo es mecánico, mi cerebro comienza a botar ideas para optimizar el tiempo de entrega. Ya cambié mi medio de transporte por un carrito de supermercado. Aquí las personas los dejan en las calles tirados y uno los usa sin problema.

Allí pongo todos los periódicos y es más fácil cargarlos; sin embargo, como las cuatro rueditas son giratorias a veces es un karma maniobrar el “camioncito repartidor”. Aun así con esa mejora gastaba casi el mismo tiempo que antes, entonces decidí armarme de mi morral de montaña, un par de bolsas para hacer mercado y mi bicicleta. Aunque el desplazamiento es más rápido, imaginen la cargada de todos esos periódicos en mi espalda, parezco un silletero de Medellín. En fin, a esas horas de la madrugada, el fiel compañero es el Ipod para mitigar el aburrimiento tarareando canciones en inglés, - por aquello de seguir aprendiendo el idioma- , y una que otra en español… ayayayyyy qué bonita es esta vida!!!!

También encuentro por el camino algunos gatos – claro, de cuatro patas, aunque a veces me encuentro gatas de dos patas - Me miran, los miro; se quedan ahí pasmados mirando cómo dejo los periódicos debajo de las puertas. Son testigos en silencio de mi trabajo, parecen supervisores, aunque no joden como ellos. Aún no les hablo, pues si es complicado entenderles a los australianos, cómo será a los gatos australianos. Miellou!!! How miau are you?

También en ocasiones me encuentro con el lechero. Hacemos negocios serios: Le cambio un periódico por un yogurt. ¡Its a deal! Mi jefe es un viejito bonachón con un inglés bien australiano. Es decir que entenderle cuesta, pero ahí vamos reconociéndole los sonidos. Él se encarga de repartir los paquetes grandes y yo las unidades sueltas. La ventaja es que el hombre va en carro; bueno, es el dueño del aviso.

Todos los días me pregunta que si estoy bien, que si ya tengo otro trabajo. Él tiene sustico de que le deje botado el negocio, pero con esta crisis es imposible, de mi salario saco para la casita, la comidita, y algunos heladitos en McDonalds.

¡ Shit! Acabo de ver por la ventana de mi cuarto y está cayendo tremendo aguacero; ya casi es la hora de entrar al trabajo. Ni modo, a lavarme nuevamente entregando periódicos. Aunque mi ropa me proteja, el ánimo está empapado…
A la conquista!!!

lunes, 2 de febrero de 2009

El cartel de los cleaners


Ante todo ofrezco disculpas a las personas que se entretienen o esperan estos escritos. Para ser honesto, he atravesado unos días oscuros, a pesar del calor tan extremo que en algunos casos vivimos aquí – temperaturas sobre 40 grados centígrados-, de cual contaré más detalles en otra crónica, pues ésta es dedicada al arte del trabajo.

Varias personas me han preguntado si ya he conseguido trabajo, qué hago, en dónde, cuánto gano, que quién es mi jefe; la respuesta es sí, hace unos dos meses trabajo en una oficina del Ministerio de Defensa Australiano y mi trabajo en realidad es sencillo: Soy el Coordinador Logístico Encargado del Acicalamiento Nacional Repetitivo: es decir, si sacamos la sigla de mi cargo, soy el CLEANER.
Con esta breve entrada que, más adelante ampliaré en detalle, escribiré un poco de cómo ha sido la experiencia laboral adquirida trabajando en estas lejanas tierras.

Recién bajados de la avión una de las primeras preocupaciones es el tema de encontrar un buen trabajo. Como una gran barrera, según mi opinión, es el idioma, pues en realidad entender el inglés australiano se toma su tiempo y como lo que necesitamos son dólares urgentes, se opta por buscar trabajos donde no haya mucho contacto verbal con las personas, donde no se necesite usar el cerebro y donde el trabajo sea mecánico y repetitivo día tras día, hora tras hora; en conclusión, ser cleaner es una de las únicas opciones rápidas para comenzar a generar los primeros dólares aquí.

Claro que hay personas que ya tienen un buen nivel y consiguen mejores trabajos, o apenas se bajan del avión ya entrar a trabajar. Aquí la clave ha sido moverse, hacer contactos, preguntar, tocar puertas y decir “Hello, I am looking for a job, is there any position available here?, no? Ok, thank you”

Luego de los primeros días comenzamos los primeros contactos. Buscando al amigo del amigo del amigo, que tiene una amiga que es amiga de un amigo, cuyo amigo le dijo a un amigo que un amigo de un amigo está buscando gente. La estrategia es buscar números de celulares y enviar mensajes de texto avisando que estamos ¡Pa las que sea! .

Mi amigo Juanito tuvo la suerte de encontrar trabajo casi recién bajado del avión pues en un día normal fue a buscar a una de nuestras compañeras quien se encontraba perdida en una estación del tren. Mientras esperaba, algo cansado, decidió comprar un sausage roll, pues era lo más barato que había.

El tendero al ver la cara de hambriento, se compadeció y le rebajó un dólar en la venta. Ahí comenzó una breve conversación que terminó en un contrato a término indefinido. Su labor consistía en suplir la demanda de alimentos de los urgidos y agrupados usuarios de una estación de tren, quienes llegaban a comprar algo de comer o tomar en ese puestico ambulante de que desde ese día administraría Juanito.
Una vez arribé a Sydney comenzamos a buscar otras opciones, dejamos hojas de vida en bares, hoteles, tiendas, y otros establecimientos donde solicitaban personas para trabajar.

También hicimos algunos cursos que exige el gobierno australiano para poder trabajar. Por ejemplo, para el área de la construcción exigen una “green card”, pues aunque es un trabajo muy bien pago – un “ruso” puede ganarse 5000 dólares al mes-, es un trabajo que tiene sus riesgos, y ese curso es para conocerlos y saber cómo trabajar. Hay que sacar certificados para ser mesero, niñera, servir un café, entre otros.

El tiempo pasaba y no llamaban para nada. Sólo una vez me llamaron de un restaurante mexicano que abriría dos sucursales, pero parece ser que no pasé el examen de admisión. Incluso un día salimos como a las 5 de la mañana a buscar trabajo en un establo que quedaba cerca de un hipódromo. Allí, el trabajo consistía en cuidar y arreglar unas pesebreras mientras los caballitos descansaban antes de entrar a su rutina diaria. Ese día fuimos e igual nos dijeron: No hay trabajo.

Como no salían opciones nos inscribimos en un curso para aprender a hacer una hoja de vida, el cual nos dio algunas pautas, pues aquí las hojas de vida se hacen de una forma algo diferente a las tradicionales. Entonces imprimimos unas nuevas, y salimos entusiastas a dejar nuevas en otros sitios. El resultado: Nada.

Entonces recurrimos a los contactos. Un amigo que vive aquí hace algún tiempo, nos dio una lista de teléfonos para enviar mensajes de texto y así buscar que nos llamaran. Varias veces lo hicieron y pudimos comenzar a hacer algunos turnitos. Uno de mis primeros trabajos fue con un colombiano que limpiaba casas.

Allí me monté en su camioneta y me fui a limpiar casas con el salario de 20 dólares por casa limpiada. Éramos dos cleaners por casa y me tocó hacerlo con una brasilera. En la primera casa que me asignaron mi labor era poner los platos en la lavadora de platos (wash machine), y limpiar la cocina. En realidad no me tocó hacer mucho. Aquí dije – Uff este trabajo es breve- y claro como no hay que escupir para arriba, la segunda casa que nos tocó limpiar era de una mujer australiana bastante mayor y desordenada, - por no decir que era una cochina inmunda-.
En fin, ni para que recordar cómo era ese baño, pero me dispuse mi armadura mental, y a limpiar esa mierda –literalmente hablando-.

Luego limpiamos dos casas más. Después de casi 7 horas de trabajo mi ganancia fue de 80 dólares. Salí cansado pero con algo de billetico. Era mi primer salario australiano. MI jefe de ese momento se llamaba Danilo, un colombiano con 12 años en este país. Aventurero, viajero y algo solitario tiene su empresa de limpieza y al parecer le va muy bien, pues intuyo que el negocio de la limpieza aquí es bien remunerado, bueno, cuando uno es empresario, porque de cleaner la cosa es a otro precio.

Llegando a este punto, al parecer en Australia existe una mafia colombiana acerca de la limpieza; aunque esta es una mafia que hace buenas cosas; es decir, muchas empresas de limpieza aquí son de colombianos, o algunas otras están en manos de latinos. He sabido de casos de personas que llevan aquí 5, 10 ó más años en estas labores. Considero que les ha ido muy bien económicamente, pero a veces me inquieto y me pregunto ¿y sus sueños eran estos? Es decir, no tengo nada en contra de ese trabajo, es más, lo he hecho yo, tanto en Colombia hace muchos años, como aquí, y es como cualquier trabajo, aunque más duro y difícil, pero, ¿toda una vida en estas?. Bueno, respetable decisión.

Otra situación que he notado es que el trabajo de limpieza no es muy bien pago. Los capos de este cartel aducen la mala paga a la situación mundial. Que la llegada de Obama alteró las acciones de las empresas de limpieza en la bolsa; que el retiro de Bill Gates de Microsoft fue porque se va a dedicar, entre otras cosas, a limpiar la casa él mismo y por eso botó al cleaner, etc.., en fin muchas excusas presentan, unas válidas otras no tanto; pero el caso es que el promedio de pago es 12 dólares la hora.

Algunos australianos de pura cepa, viejitos y con inglés imposible, se indignan cuando saben que así se están pagando los salarios. Pues sí señores, así son los sueldos en el mercado de los cleaners, aunque hablo por lo que he vivido. He oído de personas que ganan un poco más o que tal vez en otras ciudades australianas este trabajo sea mejor remunerado, pero hasta el momento ha sido así.

Aunque con un salario así, trabajando lo que permite el gobierno, es decir unas 20 horas a la semana, se ganan unos 1000 dólares al mes, que le permiten pagar una habitación, comer, y de vez en cuando comprar un cono de 50 centavos en McDonald’s.

Uno de estos capos de la limpieza me contactó para hacer labores varias. El hombre y su esposa son un par de colombianos bonachones y buenas personas. Mi labor inicial se encaminó a limpiar una oficina de arquitectos. Aquí lo clave para comenzar estos trabajos es aprenderse el nombre de las herramientas de trabajo, pues una particularidad que todos tienen es que hay un extraño manejo del spanglish, el cual es necesario adquirir para que no se estén repitiendo las tareas. Aquí describo algunos ejemplos del spanglish de la limpieza:

Mop: Trapero
Mopear: Trapear
Hey, ven y me mopeas aquí, y luego vas y mopeas allá.: Trapéame aquí y allá.
Vacuum machine: Aspiradora
Hazme la vacuum o pasa la vacuum: Aspira
Dust: polvo
No olvides hacer el “dusta”. Recuerda limpiar el polvo
Bucket: Balde
Pilas, no haga reguero con el mop, cuando mopee, mejor use el bucket.
Bleach: Cloro
Pilas hombre!!! Dele más duro con el bleach, échele más bleach. : Cuando limpie use más cloro para sacar esa mugre tan dura.

Hay más ejemplos de cómo se combina el inglés y el español, e incluso uno de tanto estar escuchando eso termina por adoptar esta nueva jerga a su léxico. Pero suena tan horrible, como aquel día que fuimos a una agencia para solicitar información de cómo extender la visa, y uno de nuestros asesores nos dijo que era muy necesario “bukear” el IELTS.

En términos hispanohablantes, el hombre se refería a “reservar” el IETLS y presentarlo. Pero el consejo fue “Bukéalo, bukéalo pues los cupos son pocos. Qué viva el spanglish. ¿ Me understendieron?

Luego de varios días de prueba con los jefes, pasé el periodo de entrenamiento y fui asignado a labores de mayor responsabilidad como vaciar los cestos de basura, limpiar baños y hacer el “dusta”, sumado a labores adicionales como limpiar ascensores y recoger las colillas de cigarrillos de la entrada de un edificio. Al comienzo trabajaba con mis jefes, pero luego de varias semanas hacía el trabajo solo. Ya tenía la rutina preparada. Limpiaba las oficinas de dos pisos, más la entrada principal en el edificio del Ministerio de Defensa. Llegaba a las 5 p.m. y comenzaba mi labor. En el piso seis una empresa del gobierno había rentado ese piso. Allí llegaba como cualquier parroquiano: “Ey, I´m the cleaner”. Allí en esta oficina había tres celadores, dos muy buenas gentes y el otro no tanto, y además, colombiano.

Aquí debo resaltar que ha habido unos colombianos que se han portado muy bien con nosotros. Nos ayudan con trabajo, nos dan consejos de cómo es la vida por aquí, de vez en cuando llaman para saber cómo vamos; pero hay otros que definitivamente, no pueden ver una gallina feliz comiendo purina porque fijo le meten una patada. Qué envidia tan mamona!!!.

Aunque en el caso de este colombiano que trabajaba en la oficina, el hombre nació en Medellín, pero a los dos años se lo trajeron para acá; de hecho un día tuvimos una conversación y me contó que se había ido a vivir a Medellín dos años, pero que no le había gustado y se regresó. –Yo soy australiano-, replicó.
Los otros dos son unos bacanes. El primero es un australiano, de origen turco. Siempre que llego hacemos una charla sobre cosas de la vida, me pregunta cómo voy por aquí y me ayuda con el inglés. El hombre vive aburrido con su trabajo, pero como él mismo dice ¿qué más hago? El otro personaje es un nepalí al cual le enseño algunas cosas básicas del español. Aquí mis labores consisten en aspirar, sacar las basuras, limpiar los baños y surtirlos – lo que implica también poner el rollito de papel en el tubito -. Siempre me he preguntado, por qué ellos no lo ponen? Un amigo me dijo – Usted haga su trabajo, para eso le pagan-. Tiene razón.

Luego debo sacar las basuras y dejarlas en unos cestos para que en la noche pase el carro recolector y se las lleve. En esta oficina el trabajo es suave, aunque en ocasiones me ha tocado ir de urgencia, pues han ocurrido unas “gravísimas emergencias” que requirieron mi presencia inmediata: Una vez se regó un café en la alfombra, y en otra ocasión, al instalar un tóner en una impresora laser, se regó un poquito del polvito también en la alfombra. Lo dicho: Gravísimas.

En el piso siete, el trabajo es un poquito más pesado. El primer día cuando estaba sacando las basuras, alguien había botado un vaso lleno de café en unos de los cestos y zas!! por poco me lo echo encima, pero sí me unté las manos y la sensación fue algo desagradable. Afortunadamente era sólo café.

Al otro día me compré mis guantecitos y fui feliz, pues la empresa no surte los elementos de protección necesarios.

Desde este piso se pueden ver otros edificios, y en las noches uno alcanza a notar la tropa de cleaners en otras oficinas; como sí cuando Australia duerme, la tropa sale y limpia el país. Muchos de quienes hacemos estos trabajos somos invisibles. Llegamos a las oficinas cuando todos se han ido, recogemos sus desórdenes, botamos la basura, limpiamos y aspiramos. En algunos casos nos dejan avisos “ey cleaner, bótame esto o límpiame aquí”, incluso cuando los cleaners llegan y hay personas aún en las oficinas, nadie se inmuta; no se escucha un “buenas noches”o un “por favor”. No hay palabras, solo cosas por limpiar, organizar y botar. Es el mundo de los cleaners.

Y todo iba tan bonito cuando de pronto… me botaron del trabajo. Llegaron los días negros…

domingo, 28 de diciembre de 2008

La vida en Australia - A las puertas de una deportación inminente


La historia que narro a continuación es como para no creer, pero efectivamente pasó . No contentos con tratar de superar el impase del robo de las bicicletas, salimos el sábado en la noche para tratar de olvidar aquel funesto episodio. Estuvimos en un bar cerca al Opera House tomando cervecita, pues aquí los demás licores son bastante costosos y una borrachera vale sus buenos dólares.

En plena fiesta, de múltiples nacionalidades, conocimos a un grupo de asiáticas, quienes también estaban en el plan de ir a tomar y departir un rato entre ellas. Como decimos en nuestro país: Ellas solas, nosotros solos, pues…

Con Juanito decidimos entablar una conversación con ellas. Nos hicimos pasar por recién llegados a la ciudad y que estábamos conociendo los monumentos más representativos de la gran ciudad de Sydney. Ellas, muy amables, nos contaron que llevaban ya su tiempo por estas tierras, y se ofrecieron a mostrarnos la ciudad. Continuamos departiendo con ellas por espacio de unas dos horas, en las cuales intercambiamos historias chinas y colombianas.
Ellas estaban emocionadas con la forma en que nosotros les hablábamos, pues en ocasiones nos salían algunas frases en español, y el acento parecía gustarles. Luego nos dijeron que los latinos teníamos fama de buenos bailarines y para comprobarlo les dijimos que si querían ir a la Cita – un bar latino aquí en Sydney-; ellas accedieron y tomamos un taxi para ir al destino mencionado. El reloj apuntaba sus palitos a las 2:30 a.m.

En este lugar estuvimos cerca de dos horas. Efectivamente es un lugar para sentirse en casa, pues la música proviene de cantantes y grupos famosos de Colombia, en algunos casos Carlos Vives, Fonseca, algunos de salsa, otros tropipoperos y demás. Allí, nos divertimos bastante enseñando a estas chinas a bailar pues no son muy hábiles con el paso apretujado de una salsita suave, o el pasito izquierda derecha de un vallenato, y ni hablar de una canción estilo “Me vale” de Maná, la cual se baila en grupo. Sin embargo, ellas emocionadas, y con cámara en mano, guardaban registros de todo lo que pasaba en sus entornos. Les ensenamos algunos pasos, a bailar ‘apretadido’; a decir al oído: Estudias o trabajas? y otras cosillas típicas de las rumbas colombianas.


Pues hasta ahí fue lo bueno de la noche…


En la televisión australiana muestran unos comerciales bajo el lema “Dont turn a night out into a nightmare”, que significa algo como “No conviertas una noche de rumba en una pesadilla”. Es una campaña de prevención para que las personas que salen en la noche y toman trago, lo hagan con mesura y responsabilidad, pero parece que en algunos casos no ocurre así.

Ya tocando las 5 a.m. y de regreso a la casa, abordamos un tren que nos llevara a la ciudad. El tren estaba muy solitario pues son pocos los que a esa hora lo abordan, la gran mayoría quienes salen de las rumbas y uno que otro borrachito que se quedó dormido.

Nosotros íbamos en uno de los vagones de la parte de atrás. Apenas íbamos Juanito, tres de las amigas de China y yo. Todo transcurría normal; ellas sentadas en frente de nosotros. De pronto, en la estación siguiente se subieron un grupo de personas, cuyas edades oscilaban entre 15 y 19 años. La gran mayoría bastante borrachos, y uno que otro bajo los efectos de alucinógenos.

Ellos se ubicaron en la parte delantera del vagón y hacían un escándalo que retumbaba por todo el tren. Nosotros algo atemorizados, aunque relajados y tratando de ignorar el asunto, dejamos que siguieran su show. Pasados unos minutos uno de aquellos borrachitos se acercó a donde estaban nuestras amigas, se sentó al lado y comenzó a hablarles. Nosotros estábamos muy atentos a alguna reacción inesperada pues estos personajillos son bastante desagradables cuando toman y le buscan problema al que sea. Al comienzo, la conversación con una de las niñas se concentraba en saber de dónde era y cómo se llamaba, etc.
Sin embargo, la situación comenzó a ponerse tensa. El personaje comenzó a hablar mal de los chinos – en lo poco que se le entendía, pues con ese acento y además borracho- que habían invadido su país y que ellos no lo iban a permitir. De la voz fuerte pasó a los gritos y estas pobres mujeres comenzaron a sentirse atemorizadas. Nosotros, en medio de una incertidumbre porque como extranjeros no sabíamos qué reacción tendrían si interveníamos. Sin embargo, pudo más nuestro instinto de protección y reaccionamos. Me acerqué al hombre y le dije que ellas venían con nosotros, que por favor se apartara y no las molestara.

El hombre, pareció calmarse y se retiró a donde estaban sus amigos. Pensábamos que la situación se había calmado, y les dijimos a nuestras amigas que se sentaran al lado de nosotros, para que las vieran acompañadas y no volvieran a acercarse a molestarlas.

Pero, para desgracia nuestra no ocurrió eso. Esta vez se acercaron otros tres, incluido el primer borracho, y nos dijeron que el problema de ellos no era con nosotros, si no con las chinas; que no fuéramos metidos. Uno de ellos empujó a una de las mujeres y le volvió a gritar que se fueran del país de ellos, que no las querían aquí.

Nosotros le insistimos al hombre, de buena manera pues no queríamos ganarnos un problema peor, que respetara las diferencias, que nosotros no los estábamos molestando. Ya la situación estaba tensa y ansiábamos llegar pronto a la estación para buscar ayuda del equipo de seguridad del tren, pues nos habían advertido que era mejor no buscarles problema, pues los extranjeros siempre llevaríamos las de perder.

Los minutos pasaban y nosotros buscábamos la forma de evitar un conflicto mayor, siempre evitando una agresión física ante las mujeres o nosotros. Pero estos personajillos, al ver que no les respondíamos comenzaron a insultarnos a nosotros; que nos largáramos con ellas que Australia era solo para los australianos y estaban mamados de la invasión asiática.

De los insultos pasaron a los empujones hacia nosotros y ahí si fue troya. Juanito que estaba prendido empujó a uno de ellos y como estaba bien borracho fue a dar al piso entre los asientos del tren. Cuando ocurrió esto, los demás amigos, incluidas las mujeres, se abalanzaron sobre nosotros. Y claro, estábamos en tremenda desventaja de 13 contra 2.

Así que, aunque no somos personas violentas, aquí ya se trataba de supervivencia, pues este grupo con la mayoría de sus integrantes bien borrachos, solo buscaba golpear y golpear, sin medir las consecuencias.

En medio de la pelea, le dije a Juanito que por lo menos le diéramos duro a uno para ver si los demás se calmaban, y le apuntamos al líder del grupo. El que había comenzando todo el problema. Entonces el cuadro pintaba así: nosotros pegándole solo a uno, y buscando defendernos de los demás 12. La pelea duró aproximadamente dos minutos, pero fueron los minutos más largos que hayamos vivido durante nuestra existencia; pues los daños físicos y materiales fueron bastantes.

Una de las niñas que defendimos presionó el botón de ayuda del tren y se comunicó con el maquinista para avisar lo que estaba pasando. El inmediatamente hizo sonar la alarma y sentimos como aceleró el tren para llegar la estación más cercana. Por el megáfono anunció que había una situación de orden público en uno de los vagones y que la policía estaba advertida. Ni con ese anuncio la pelea se detuvo. Unos minutos después, el tren arribo a la Central Station, y, gracias a Dios estaba allí la policía.

Aquí afortunadamente la reacción de la policía en estos casos es casi que inmediata. De la nada aparecieron más de 50 agentes, tanto de la policía estatal, algunos de la federal y varios agentes del departamento de inmigración.

Sin embargo, como nos encontraron en tremendo tropel, nos redujeron a todos; es decir, por cada uno de nosotros había tres agentes, quienes se encargaron de tirarnos al piso, y esposarnos. En lo que les entendí, nos arrestaban por causar disturbios y daños a propiedades del estado; en este caso se referían a los vagones. Nosotros les explicamos que no teníamos nada que ver con el asunto, que nos habían provocado y que teníamos testigos.

Había varias personas en otros dos vagones que vieron todo. La policía los interrogó, buscando algunas evidencias, relatos y pistas de lo que había sucedido, pero solo dos de ellos, un italiano y un argentino, accedieron a declarar a favor de nosotros. Luego de media hora de recoger testimonios, tomar fotos y otras pruebas, nos metieron en varias patrullas rumbo a la estación de policía de Darlinghurst.

En una de las patrullas estábamos Juanito y yo, pues con base en los testimonios, los policías ya nos habían identificado como uno de los grupos de pelea. En al camino a la estación hablamos con una de las agentes y le contamos la versión.

Ella parecía que nos creía, pero no estaba autorizada para hacer algo a favor de nosotros. Simplemente nos dijo que el caso iba para un inspector de policía, quien evaluaría el informe con base en todos los relatos y pruebas obtenidas. El decidiría si nos dejaba libre o nos retenía por agresión a ciudadanos australianos, aunque siempre insistimos en nuestra inocencia, sumando el hecho de estar sobrios frente a las otras personas.

Los agentes nos dijeron que en caso de que el inspector decidiera que el caso iba a la corte debíamos conseguir un abogado, pues nos serían imputados cargos de disturbios y daño en propiedad del estado, cuyas penas son bastante altas en dinero y en el peor de los casos podría significar la expulsión del país. Pues aquí la vaina se puso más tensa pues nos parecía injusto que por defender a unas personas que eran atacadas, nos fueran a cancelar la visa y a deportar a Colombia.

Los agentes solo atinaron a respondernos que la última palabra la tenía el inspector o el juez de la corte; que lo mejor era que llamáramos al consulado para buscar asesoría o conseguir un abogado que nos representara.

En la estación de policía nos tomaron testimonio a cada uno de los implicados en el incidente. Éramos aproximadamente unas 20 personas, entre los de la pelea, testigos, policías y autoridades del tren. Mientras esto pasaba, nos quitaron las esposas y nos encerraron en una celda mientras el inspector definía nuestra situación.

Fuimos los últimos en pasar, luego de casi seis horas de haber llegado a la estación. Allí explicamos paso por paso, y muy detalladamente que habíamos aquella noche. Como no estábamos tomados, hablamos conscientemente de todo lo que pasó, y narramos en detalle la situación, el inspector decidió dejarnos libres, bajo el compromiso de presentarnos en la estación de policía el próximo lunes, pues al parecer, con quienes tuvimos la pelea nos iban a demandar por haberlos golpeado, y el caso se iría a la corte.

Nosotros le insistimos al inspector que no iniciamos la pelea, pero que estaríamos a disposición de las autoridades para colaborar en lo que necesitaran y que nos presentaríamos el día que nos dijo. Nos tomaron nuestros datos personales, de residencia y demás, y nos permitieron hacer unas llamadas. Yo afortunadamente tenía el teléfono de una señora que trabaja en el consulado de Colombia en Sydney, a quien conocí en la marcha contra el secuestro que hicimos aquí en noviembre pasado.

En realidad no tenía a quién llamar aquí y opté por ella. Le conté toda la historia y ella me tranquilizó al decirme que el consulado nos conseguiría un abogado para asesorarnos y sacarnos del problema, aunque para ser sinceros el fantasma de la deportación comenzaba a asustarme, pues estamos en un país donde protegen mucho a sus ciudadanos y una pelea con uno de ellos, es una pelea perdida en los tribunales. La señora del consulado me dijo que me marcaba al celular apenas tuviera alguna razón del abogado. Colgué y me mantuve en la estación mientras me llamaba.

Efectivamente, varios minutos después mi celular comenzó a sonar. Aunque extrañamente no era el sonido del ringtone de una llamada entrante, sino la alarma de mi celular que se había activado.










Ahí fue cuando me desperté: FELIZ DIA DE LOS INOCENTES.









Pdta: para quienes no conocen la tradición de las INOCENTADAS en Colombia, pues toda esta historia es inventada. Solo quise ver quién caía. No me odien.
Por cierto, Aquí en Australia nos tratan muy bien